Por Alejandro G. Miroli
Nos rodean cosas que fluyen, tiempo. Nos asimos con la memoria, y van quedando retazos de ellas, imágenes que se fragmentan y a las que no le caben palabras. Con la poesía, con artes llenamos los vacíos entre retazos. Tememos hacerlo y al mismo tiempo nos tienta el avanzar más allá, hasta recuperar las cosas.
La propia palabra se quiebra, lo que decimos no
cubre aquello que hicimos, que vivimos, que experimentamos. Contigo, voy llenando los huecos, porque la escucha del otro, hace de nuestra palabra, de nuestra imagen un mensaje. Digo porque soy visto, siento porque soy requerido.
El escenario es un modelo del mundo. El trágico nos enseña que en nuestra trama los que observan llevan a sí la catarsis, y con ella nos devuelve una palabra cargada de entidad y de pasión, en ella notamos casi lateralmente aquellas cesuras entre cada retazo de cosa.
Así, las ideas como felicidad, gozo, alegría no son sólo palabras con las que nos mentamos, son vías de entrada de cada uno de vosotros, son medios con los que me planto ante el tiempo, con los que me uno en la ecúmene, con las que mi único yo se hace muchos.
