TRES TEORÍAS DEL SUJETO HISTÓRICO. Una exploración de filosofía de la historia

por Alejandro G. Miroli

  1. 1. Introducción a la categoría sujeto histórico
  2. El marco de una teoría del sujeto histórico
  3. Teorías microsociales del sujeto histórico.
  4. Teorías mesosociales del sujeto histórico
  5. Teorías macrosociales del sujeto histórico
  6. A manera de conclusión: ¿Relación entre teorías del sujeto histórico social o relación entre escalas de realidad?
  7. Bibliografía

Resumen. En este trabajo se presentan los tres tipos fundamentales de teorías del sujeto histórico. Para ellos previamente se caracteriza dicha categoría fundamental de la filosofía de la historia y se distinguen dos modalidades de esta disciplina en la cual dicha categoría adquieren roles diversos. Por último, se explican estos roles a partir del caso de las críticas filosóficas y metodológicas que Juan Bautista Alberdi hizo de la obra historiográfica de Bartolomé Mitre.

  1. 1. Introducción a la categoría sujeto histórico

El concepto de sujeto histórico es uno de los tres conceptos claves – junto con el concepto de territorio geográfico o espacio histórico y tiempo vivido y tiempo constitutivo o tiempo histórico- que compone la categoría de acontecimiento. Generalmente por sujeto histórico se entiende: 

 … a los protagonistas de la historia, al quién o al quiénes hacen la historia. En principio, podríamos decir que la historia la hacen todos los seres humanos en su acontecer cotidiano. Sin embargo, también debemos considerar que existe una dimensión teórica e interpretativa en el modo como se concibe al “sujeto histórico”. Así, la respuesta que se da a la pregunta sobre quién o quiénes hacen la historia suele variar dependiendo del proceso histórico que se estudie, así como del punto de vista que adopta cada historiador. (redacción, 2021)

Por supuesto el sujeto histórico no son todos los humanos que conviven o coexisten a cierto acontecimiento, sino aquellos humanos cuyas decisiones y actividades producen los cambios que componen dicho acontecimiento. Es decir, una teoría del sujeto histórico está relacionada fuertemente con la noción de causalidad histórica. No son todos los humanos en general sino aquellos que operan como causa fundamental o última que sobredetermina la configuración y el desarrollo de cierto acontecimiento histórico. 

Sobre ese tema se han producido diversas teorías que son teorías filosóficas en el sentido que no pretenden dar una explicación particular en un modelo historiográfico de cierto acontecimiento, sino ofrecer una concepción general y aplicable en todo el proceso histórico humano de lo que es la causalidad fundamental o sobre determinante dela trayectoria temporal de un fenómeno histórico. En esa línea una teoría del sujeto histórico es una tarea central de la filosofía de la historia. Pero esta expresión última tiene una dualidad que nos remite a dos modos radicalmente distintos de entender esta tarea filosófica.   Para establecer esto seguimos la distinción que ofrece W. H. Walsh (Walsh, 1983, págs. 12-25) quien distingue dos variedades: 

filosofía crítica de la historia. También entendida como filosofía del conocimiento histórico aborda los problemas los problemas filosóficos básicos de esta disciplina cognitiva: 

(i) los problemas de la explicación histórica: dirimir los diversos tipos de causalidad involucrada en la tarea del historiador científico v.g.  explicación causal que involucra leyes, explicación causal situacional, explicación proléptico intencional o teleología finalista. 

(ii) los problemas de la categorización histórica, y en particular el tema de la existencia de universales históricos comunes a todas las agrupaciones y sociedades humanas existentes o posibles, o por lo contrario, la existencia de categorías particulares que sólo se aplicarían a procesos históricos específicos.

filosofía especulativa de la historia. También denominada metafísica de la historia, trata básicamente de tres asuntos muy específicos: 

(i) el metatiempo. El supuesto del metatiempo es que todos los acontecimientos históricos tienen una conexión entre sí, que es diferente a la distancia cronológica –de calendario y horario- y a las diferencias territoriales o epocales, conexión que los vincula como copresentes en un único macro proceso en el cual las distancias cronológicas no son determinantes. 

(ii) el destino o la escatología. Sea o no que haya una unidad trascendental de todos los acontecimientos en cualquier tiempo y espacio, puede existir un destino o fin de todos los procesos históricos particulares o incluso de un único megaproceso de la historia de la humanidad. Este destino fin puede ser inmanente al mundo físico o trascendente en una dimensión sobrenatural.

(iii) la eutaxia social. El proceso histórico es visto como una marcha hacia niveles crecientes de eutaxia social en modo de lograr el perfeccionamiento moral o político de las sociedades políticas.  

En tanto una teoría del sujeto histórico es una teoría general acerca de todos los fenómenos históricos en todas las coordenadas territoriales y temporales, será una teoría especulativa en el sentido que involucra aquello que llamamos en metatiempo 

¿Cuáles son entonces las coordenadas de las posibles diversas teorías del sujeto histórico? En este breve trabajo expondremos tres tipos de teorías fundamentales del sujeto histórico con distintos ejemplos de cada una de ellas. Pero antes es importante entrar en la propia categoría de sujeto que está en la base de este concepto técnico de la filosofía de la historia.   En su excelente obra sobre el vocabulario filosófico medieval Silvia Magnavacca presenta los dos significados técnicos y diferentes de la palabra sujeto

(1) De sub-icere, “arrojar debajo”, este término indica, muy en general, aquello que subyace a determinadas cualidades o aquello a lo que éstas se atribuyen; de ahí la frecuencia con la que se emplea la expresión s. attributionis. Más específicamente, la noción de s. se puede considerar desde el punto de vista lógico o desde una perspectiva ontológica, puesto que traduce el hypokeimenon griego, soporte tanto de predicados cuanto de accidentes o determinaciones ontológicas. 

(2) Ahora bien, el s. portador de cualidades conscientes es el sujeto psíquico, o sea, el yo. Precisamente con la preeminencia otorgada a esta clase de s., comienza a efectuarse el paso a la metafísica idealista en la Modernidad. <…> El giro hacia la concepción moderna de s. no se da tanto con Descartes, como se suele creer (véase subiectivum), sino con Guillermo de Ockham. En efecto, dice ya este autor que las sensaciones se encuentran subiective en el alma (cf. Quodl. 2, q. 10). Así, paulatinamente, se va considerando s. sólo el sujeto psíquico, que, en plena Edad Media, constituía sólo un caso particular de s., ontológicamente hablando (véase subiectivum, in fine). 661- 662 (Magnavacca, 2005, págs. 661-662)

La concepción antigua de sujeto supone una primacía ontológica y refiere a la estructura fundante de un proceso o de un fenómeno, es decir aquella dimensión del proceso o fenómeno que es el efector último de los modos y singularidades con las cuales tal proceso o fenómeno surge, se desarrolla y en última instancia cesa. 

Este significado de sujeto en la expresión sujeto histórico es neutral respecto de la pertinencia de factores que involucran a agentes humanos o no, y puede motivar la producción de modelos historiográficos explicativos que empleen, para esa tarea, factores anantrópicos, como podría ser el caso de un historiador ecológico que explicara una serie de fenómenos históricos a partir de series de modificaciones climáticas; el sujeto en el sentido antiguo serían fenómenos naturales y no fenómenos del espacio antropológico. 

Para introducir la dimensión antrópica en esta categoría de sujeto histórico es útil el significado moderno de dicha expresión; es central en ello recordar que en la Modernidad se produce aquello que se ha denominado la inversión teológica

Llamamos inversión teológica al proceso (que habría tenido lugar en el siglo XVII) mediante el cual la idea de Dios terciario, como límite de la relación entre determinados contenidos dados en el Mundo, revierte sobre las relaciones entre los contenidos de ese mismo Mundo de suerte tal que las conexiones de los conceptos teológicos dejan de ser «aquello por medio de lo cual se habla de Dios» (como entidad trans-mundana) para convertirse en aquello por medio de lo cual hablamos sobre el mundo. (García Sierra, 2000)

La inversión teológica supone que el sujeto psicológico humano que tiene ideas y conceptos acerca de las cosas es al mismo tiempo o deviene el fundamento de la realidad. Esta noción filosófica tiene poca relevancia para el historiador en tanto la categoría de fundamentación última no es una categoría de la historia científica, pero un modelo historiográfico exige el empleo de factores etiológicos antrópicos. Por ello la categoría moderna de sujeto introduce la dimensión de la agencia proléptica intencional: agentes personales o cooperativos que desarrollan proyectos, planes de vida o programas de organizaciones que operan como motivo o causas inmediatas de sus acciones, que precisamente se explican por esas representaciones conceptuales.

Pero hay un factor que es importante desde el punto de vista de esta categoría de sujeto histórico: el historiador no solo intenta generar un modelo explicativo de un fenómeno histórico sino también deslindar los diversos grados de participación y de responsabilidad objetiva y subjetiva.    Es decir, una teoría del sujeto histórico sería una herramienta conceptual que permita determinar los factores etiológicos más generales y determinantes de un fenómeno histórico, y en función de ellos, ordenar las cadenas causales que pueden culminar en cada acción individual de un sujeto involucrado en dicho fenómeno histórico.

  1. El marco de una teoría del sujeto histórico

La introducción de la categoría de sujeto histórico impone determinar cuál sea la escala de realidad social en la cual se reconocen y en la cual se emplean para los modelos historiográficos. Y ello porque la realidad social se despliega en tres escalas de realidad: microsocial, mesosocial y macrosocial; en ello cada escala de realidad revela estructuras distintivas, siendo la escala mesosocial la que puede articular entre la escala macrosocial y la microsocial:

Estas unidades estructurales de meso-nivel restringen la interacción en los encuentros y reducen las restricciones y la cultura del macro-nivel al nivel del encuentro. A la inversa, las unidades corporativas y categóricas son, respectivamente, los componentes básicos de los dominios institucionales y los sistemas de estratificación del meso-nivel, que a su vez son los componentes básicos de las sociedades y los sistemas intersocietarios. (Turner, 2012)

Podemos señalar algunos componentes de dichos niveles

Escala microsocial: familias nucleares, sujetos corpóreos singulares, etc.

Escala mesosocial: Organizaciones corporativas o públicas, asociaciones civiles, partidos políticos, espacios y estructuras laborales o académicas, grupos confesionales o de otro tenor, etc.

Escala macrosocial: sistemas económicos nacionales, alianzas militares, estructuras supranacionales, entidades políticas soberanas. 

Las escalas de realidad tienen entre sí dos tipos de relaciones:

-relaciones mereológicas: las entidades de escala microsocial y sus relaciones son partes constituyentes de las entidades y relaciones de la escala mesosocial, y las entidades y relaciones de la escala mesosocial son partes constituyentes de entidades y relaciones de la escala macrosocial.

-relaciones etiológico/funcionales: las estructuras y modalidades de la escala macrosocial operan como construcciones a lo que se pueda encarar y como proveedores de motivos de las escalas subordinadas; asimismo las estructuras y modalidades de la escala meso social operan del mismo modo sobre los sujetos corpóreos.

Esto nos permite esbozar tres tipos de teorías del sujeto histórico, según cuál sea la escala de realidad social que se considere. En las secciones siguientes expondremos un ejemplo de cada una de ellas en la sección última haremos un balance de las relaciones que se puedan trazar entre estos tipos de teorías.

  1. Teorías microsociales del sujeto histórico.

El caso paradigmático de esta teoría es la llamada la teoría del gran hombre. Esta teoría fue popularizada en 1840 por Thomas Carlyle (Reino Unido, 1795 – 1881) En textos que publicó luego con el título de Los héroes, el culto de los héroes y lo heroico en la historia. Allí sostenía que: 

A mi modo de ver, la Historia universal, lo realizado por el hombre aquí abajo, es, en el fondo, la historia de los grandes hombres que entre nosotros laboraron. Modelaron la vida general grandes capitanes, ejemplos vivos y creadores en vasto sentido de cuanto la masa humana procuró alcanzar o llevar a cabo: todo lo que cumplido vemos y atrae nuestra atención es el resultado material y externo, la realización práctica, la forma corpórea, el pensamiento materializado de los grandes hombres que nos enviaron. Su historia, para decirlo claro, es el alma de la historia del mundo entero. Desconfío de poder tratar semejante asunto con la debida justicia. (Carlyle, 1985, pág. 31)

 

Otro autor que defendió la teoría del gran hombre fue Frederick Whiting Adams (EUA, 1786 – 1858). Este autor escribió una obra llamada La influencia de los monarcas: pasos en una nueva ciencia de la historia, para la cual investigó 386 individuos que gobernaron en Europa Occidental desde el siglo XII hasta la Revolución francesa, a fines del siglo XVIII, así como la influencia de ellos en el curso de eventos históricos. 

También hay una exposición filosófica del gran hombre como la que ofrece Søren Kierkegaard (Dinamarca 1813 – 1855):

 

…también se ve, y no lo tengo en poco que puede haber una fuerza de voluntad capaz de erguirse tan enérgicamente contra el viento, que llega a salvar la razón, si bien se vuelve uno un tanto extraño; pero que pueda perderse la razón y con ella todo lo finito, cuyo agente de cambio es ella para recuperar lo finito mismo en virtud del absurdo: eso es lo que espanta a mi alma: no por eso digo que sea cosa insignificante, cuando es, por lo contrario, el único prodigio. (Kierkegaard, 1958, págs. 27-28)

 

También Williams James sostuvo la teoría del gran hombre, en su respuesta a las críticas que Herbert Spencer le había formulado a la tesis de Thomas Carlyle, así afirmaba:

¿Cuáles son las causas que hacen que las comunidades cambien de generación en generación, que hacen que la Inglaterra de la reina Ana sea tan diferente de la Inglaterra de Isabel, que el Harvard College de hoy sea tan diferente del de hace treinta años? Responderé a este problema: la diferencia se debe a las influencias acumuladas de los individuos, de sus ejemplos, sus iniciativas y sus decisiones <…>. Vemos este poder de iniciativa individual ejemplificado en pequeña escala por todas partes, y en gran escala en el caso de los líderes de la historia. Sólo siguiendo el método de sentido común de un Lyell, un Darwin y un Whitney podemos interpretar lo desconocido a partir de lo conocido y calcular de manera acumulativa las únicas causas de cambio social que podemos observar directamente. Las sociedades humanas son exactamente como los individuos, en el sentido de que ambas ofrecen en cualquier momento dado potencialidades ambiguas de desarrollo. Que un joven entre en el mundo de los negocios o en el ministerio puede depender de una decisión que debe tomarse antes de cierto día. Acepta el puesto que se le ofrece en la oficina de contabilidad y se compromete. Poco a poco, los hábitos, los conocimientos de la otra carrera, que antes estaban tan cerca, dejan de contarse incluso entre sus posibilidades. Al principio, puede que dude de que el yo que eliminó en esa hora decisiva no hubiera sido el mejor de los dos; pero con los años, esas preguntas se desvanecen y el viejo yo alternativo, antaño tan vívido, se desvanece en algo menos sustancial que un sueño. No sucede de otro modo con las naciones. Pueden ser comprometidas por reyes y ministros a la paz o a la guerra, por generales a la victoria o a la derrota, por profetas a esta o a aquella religión, por diversos genios a la fama en el arte, la ciencia o la industria. (James, 2010)

  1. Teorías mesosociales del sujeto histórico

Si las teorías anteriores se centraban en la escala microsocial, estas teorías se centran en las organizaciones formales e informales que están vinculadas con los procesos de selección de jerarquías, no sólo del ámbito público –magistrados y miembros de la judicatura y cuerpos colegiados- sino del ámbito privado: directores de empresas, accionistas, consultores, asesores y representantes, socios comerciales, etcétera. Estas teorías ponen su énfasis en el rol etiológico que tendrían las asociaciones y redes de relaciones personales de sujetos biográficos con un mismo origen y conformación, con una similitud de lo que se denomina capital social.   Entre estas teorías mesosociales, una de las teorías más importantes es la teoría de las élites, cuyos autores más importantes son Vilfredo Pareto, Gaerano Mosca y Robert Michels. 

Sostiene Wilfredo Pareto (2ª República Francesa 1848 – 1923) la tesis mesosocial: 

Gracias a la circulación de las clases selectas, la clase selecta de gobierno está en un estado de continua y lenta transformación, fluye como un río, y la de hoy es distinta de la de ayer. De vez en cuando se observan repentinas y violentas perturbaciones, como podrían serlo las inundaciones de un río, y después la nueva clase selecta de gobierno vuelve a modificarse lentamente: el río, vuelto a su cauce, fluye de nuevo regularmente. (…) Las revoluciones se producen porque, bien por el entorpecimiento de la circulación de la clase selecta, bien por otra causa, se acumulan en los estratos superiores elementos decadentes que ya no tienen los residuos capaces de mantenerlos en el poder y evitan el uso de la fuerza, mientras que crecen en los estratos inferiores los elementos de calidad superior que poseen los residuos capaces de ejercer el gobierno y que están dispuestos a utilizar la fuerza.  (Pareto, 1980, pág. 71). 

Similarmente sostenía Gaetano Mosca (Reino de las dos Sicilias 1858 – 1941): 

“En la práctica de la vida, todos reconocemos la existencia de esta clase dirigente o clase política (…) no podríamos imaginar en la realidad un mundo organizado de otra manera, en el que todos fuesen sometidos a uno solo, en pie de igualdad y sin ninguna jerarquía entre ellos, o que todos dirigiesen por igual los asuntos políticos. Si en teoría razonamos de otra manera, es en parte por efecto de hábitos inveterados de nuestro pensamiento, y en parte debido a la excesiva importancia que les asignamos a los hechos políticos, cuya apariencia se sitúa muy por encima de la realidad(…) además de la enorme ventaja que proviene de la organización, las minorías gobernantes están constituidas por lo común de una manera tal, que los individuos que las componen se distinguen de la masa de los gobernados por ciertas cualidades que les otorgan cierta superioridad material e intelectual, y hasta moral; o bien son los herederos de los que poseían estas cualidades. En otras palabras, deben poseer algún requisito, verdadero o aparente, que sea altamente apreciado y se valore mucho en la sociedad donde viven.” ( (Mosca, 2004, pág. 94) 

Y en esa dirección también Robert Michels (1º Imperio Alemán, 1876 – 1936): 

“La democracia no se concibe sin una organización y toda organización requiere una especialización en las tareas, una distinción entre los dirigentes y los dirigidos…. El principio de la organización es condición absolutamente esencial para la lucha política de masas. <…>” La ley sociológica fundamental… puede formularse más o menos así: la organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegantes. Quien dice organización dice oligarquía “ (Robert Michels, 1976, págs. Vol. II., pags 68, 273)

Con alguna diferencia entre sí, estos autores adhieren a una concepción funcional de las élites que podría entender a las élites en términos de una versión moderna de las jerarquías sociales estamentales, en donde las élites serían el nivel jerárquico superior, ya no definido en términos de valencia social propia de la sociedad estamental, sino en términos de capital económico y capital social.   

Lo que organiza a las elites es la conformación de instituciones –desde colegios profesionales, clubes, asociaciones gremiales, partidos políticos- en las que surgen las dirigencias, los magistrados judiciales e integrantes  de los cuerpos colegiados, los funcionariados de las agencias y empresas públicas, de los directorios de empresas privadas y los gestores del capital financiero en modo que hay una suerte de solidaridad y defensa mutua corporativa de estos sectores que es posibilitado por ese capital social precedente. 

Estas teorías del sujeto histórico mesosocial distingue entre una élite minoritaria, que toma decisiones, y la multitud, que es dirigida. Esta última sería una suerte de aglomerado pasivo, cuyo menú de elecciones viene determinado por las élites, con diversos mecanismos de adhesión y cooptación de las preferencias políticas de los ciudadanos. 

No es una casualidad que los autores que abordaron la teoría de las élites son al mismo tiempo algunos de los más importantes teóricos de la ciencia política contemporánea, y es porque ellos hicieron análisis sociales en la escala mesosocial, precisamente el nivel de análisis en donde se reconocen todos los mecanismos que conforman las élites sociales y políticas. 

  1. Teorías macrosociales del sujeto histórico

Las teorías macrosociales del sujeto histórico pueden presentarse con una analogía geológica. El choque de dos placas tectónicas produce transformaciones de muy largo alcance y en una escala temporal de millones de años como puede ser el surgimiento de una cadena montañosa, a su vez una cadena montañosa alta va modificando el régimen de vientos y el régimen de agua en la atmósfera, con lo cual se modifica el régimen de lluvias que existía previos a su ascenso y consolidación, y a su este cambio produce transformaciones absolutamente centrales en la diversidad del suelo; así se producen transformaciones en los ciclos de la vida y de los organismos sobre los suelos y los territorios. Y sucesivamente la escala de causalidad puede llegar hasta los cambios internos a una generación de agentes humanos como, por ejemplo, la vida de los criadores de cabra en las zonas de alta montaña. Entonces tenemos una serie de epifenómenos que van surgiendo unos de otros con una casualidad enlazada que va sumando factores causales, uno determinante de otro hasta llegar a los fenómenos históricos singulares. Pero la causa última de dichos fenómenos, sería un fenómeno que está a una escala temporal absolutamente distante de la escala temporal vital de una vida humana. 

Las teorías macrosociales del sujeto histórico tienen esa misma configuración, en donde hay un macro factor causal que va desencadenando cadenas causales diversas, en las cuales opera como el primer factor.  O sea, en estas teorías los sujetos serían sujetos-placas, que operarían en la dimensión estructural, en donde la actividad proléptico intencional queda totalmente dependiente en forma muy tardía y marginal así por ejemplo el surgimiento del capitalismo es una estructura en donde un cierto sujeto- placa opera sobre otro y lo modifica y a su vez modifica todo el entorno de relaciones sociales hasta llegar, en el final de las cadenas causales a las vidas biográficas de individuos corpóreos. 

El locus clásico de las teorías macrosociales del sujeto histórico es la obra de Karl Marx y Friedrich Engels; Karl Marx precisa su versión de dicha teoría: 

…en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. (Marx, 1982, págs. 65-69). 

En un contexto más actual, Adolfo Sánchez Vázquez vincula estas doctrinas con las concepciones estructuralistas de la historia:  

Si los hechos no existen aisladamente, sino en la totalidad en que se integran como elementos, relaciones y dependencias su explicación tiene que darse al nivel del todo del que forman parte (sistema o estructura). Esto es lo que subraya frente a todo atomismo el estructuralismo. Mientras que el atomismo concibe los hechos como elementos aislados o ve la totalidad de la que forman parte como una suma de unidades homogéneas o una yuxtaposición de unidades discretas, el estructuralismo se detiene, ante todo, en las relaciones y dependencias que hacen que los elementos tengan un valor o sentido no ya de por sí sino por posición -como elementos relacionados y dependientes- en una totalidad. <…> La tesis fundamental del estructuralismo -frente a todo atomismo o empirismo histórico- es, pues, la de que no hay propiamente hecho que no suponga una estructura. Su razón de ser -valga la expresión es estructural, razón de ser de un elemento relacionado dentro de un conjunto estable o relativamente estable, es decir, no sujeto a un cambio cualitativo radical. (Sánchez Vázquez, 2018, pág. 322)

  1. A manera de conclusión: ¿Relación entre teorías del sujeto histórico social o relación entre escalas de realidad?

Al presentar el tema de las teorías del sujeto histórico señalamos que estas teorías tienen que ver fundamentalmente con la causalidad histórica es decir con determinar cuál es el tipo de factor etiológico más importante en un modelo historiográfico.  Ahora bien, de inmediato se suscitan dos problemas: 

(1) el problema de las relaciones entre las teorías del sujeto histórico. 

(2) el problema de las relaciones entre las escalas de realidad social. 

Si hemos expuesto los tipos de teorías del sujeto histórico en función de las tres escalas de realidad social, parecería que ambos problemas serían el mismo. Sin embargo, hay dos diferencias cruciales entre esos problemas:

-respecto de (1): este problema supone alguna hipótesis reductiva por la cual una teoría absorbe a los factores que están comprendidos en otra escala de realidad social, y los involucra, en el modelo historiográfico, en forma subordinada a los factores que esta propia teoría afirma. Además, cuando se propone una teoría del sujeto histórico como un elemento central de la filosofía de la historia, se involucra la cuestión del metatiempo, ya que se involucra una teoría de la estructura general de todo fenómeno histórico posible y no meramente una herramienta metodológica aplicable o no según las fuentes históricas disponibles o las hipótesis de un historiador. 

-respecto de (2) este problema no involucra la reducción teórica, sino que involucra cuestiones metodológicas acerca de la construcción de un modelo historiográfico de un cierto fenómeno. La discusión sobre los factores preponderantes en una situación no exigirá que se aplique el mismo modelo historiográfico en otro fenómeno histórico con el mismo orden de prioridad de los factores etiológicos. Podrá haber fenómenos históricos en los cuales los factores etiológicos microsociales sean más relevantes que en otros. O por lo contrario podrá haber fenómenos históricos que tengan exclusivamente factores etiológicos macro sociales.

El historiador científico, a diferencia del filósofo de la historia explica fenómenos históricos singulares para los cuales los fenómenos lejanos en el tiempo histórico y el territorio son poco relevantes. Y eso porque las fuentes -que son su material fundamental para trabajar- son siempre fuentes situadas en un territorio y tiempo y respecto de ciertos de agentes. El historiador científico propone una hipótesis explicativa de un fenómeno histórico, que lo llevará a producir un modelo historiográfico que contenga ciertos factores etiológicos como determinantes fundamentales, y dicho modelo se pondrá a prueba según las fuentes disponibles o las nuevas fuentes que se propongan para el testeo de dicho modelo. El filósofo especulativo de la historia hace lo contrario, y su argumentación será hacia las identidades e invariancias en todos los fenómenos históricos, para sostener una cierta idea de sujeto histórico, en la medida que su interés no es el tiempo histórico local de un fenómeno determinado sino el metatiempo.

Ambos son enfoques disciplinares y metodológicos diferentes que discurren por diferentes órdenes de discurso y no tienen modos de conexión –en tanto el metatiempo no es una categoría de la historia científica. Pero si nos situamos en la filosofía crítica de la historia es posible un enfoque integrador.   En ese caso, como se puede examinar con el siguiente ejemplo, se podrá discernir los usos de alguna teoría del sujeto histórico con motivos políticos, y los sesgos metodológicos que ello supone, lo que impone ciertas restricciones para el uso apriorístico de alguna teoría del sujeto histórico y de conjeturas causales que se intenten validar a priori.

En varias de sus obras Juan Bautista Alberdi criticó la producción historiográfica de Bartolomé Mitre sobre la emancipación americana.   En los siguientes textos caracterizaba a la obra de Mitre:

(i) El historiador [Bartolomé Mitre], como el cantor de la epopeya de la patria, ha sido más aplaudido y querido á medida que descubría y demostraba en cada una de sus guerras, la guerra de Troya, en cada uno de generales un héroe como Aquiles, un gigante, un semi-dios, un creador y autor de todo lo creado en la patria. Han hecho de la vida y origen del país un cuento de Las Mil y una Noches y de su país de tales milagros un país asiático, de oriente naturalmente, tan creyente de esas lisonjeras cosas como lo es el oriente asiático de sus cuentos. (Alberdi, 2016)

(ii) Como han estudiado y tomado y presentando el origen y naturaleza del grande hombre han entendido y presentado el origen y desarrollo de la vida moderna de su país, por la poesía, por la ficción, por la fábula <…> Con este proceder de fantasía y de idealismo lisonjero, la verdad histórica llega á hacerse imposible… ha llegado a creer que desciende políticamente de gigantes y semi-dioses, no hay sino mostrarle que desciende de hombres como él, para ofenderlo. (Alberdi, 2016)

(iii) Mitre explica todas las Revolución Argentina por los hombres de Buenos Aires y sus ideas, y no ve la acción general de las cosas que gobiernan a estos mismos hombres que, pareciendo gobernar, obedecen y siguen. Lejos de ser los autores de la revolución esta es la autora de ellos. Así él vincula la historia del Consulado de Buenos Aires a la historia del libre cambio, lo cual es falso, pues toda América ha entrado en librecambios sin el auxilio del Consulado de Buenos Aires. En Lima y México, hubo consulados desde un siglo antes, y su independencia es posterior a la de Buenos Aires, cuyo consulado tenía dieciséis años. Él ve en las expediciones inglesas en Buenos Aires a principios de este siglo, otro germen de la idea de independencia, explicando las causas que levantaron el partido de los nativos, germen del partido patriota: otro error. En Chile, en Venezuela, en Bogotá, en México, no hubo tales expediciones inglesas y hubo partido patriota, revolución y patria independiente. Majaderías o adulaciones bajas a la humanidad del vulgo.   (Ocampo, 2016, págs. 25-26)

(iv) Lo que no hubiese hecho San Martín lo habría hecho Bolívar; a falta de un Bolívar, habría habido un Sucre; a falta de un Sucre, un Córdoba, etcétera. Cuando un brazo es necesario para la ejecución de una ley de mejoramiento y progreso, la fecundidad de la humanidad lo sugiere no importa con qué nombre.  Dar a los grandes principios a los soberanos intereses, a las causas generales y naturales de progreso, que gobiernan y rigen el mundo hacia lo mejor, el papel natural que la ceguedad, de un paganismo estrecho les quita para darlo a ciertos hombres, es erigir a los hombres al rango de causas y de principios, es desconocer y perder de vista las bases incontrastables en que descansa el progreso humano, y que deben ser las bases firmes e invencibles de su fe     (Alberdi, 1934, págs. 103-104)  

Alberdi realiza una crítica en tres planos: 

– en el plano filosófico: Alberdi rechaza la teoría del gran hombre que reconoce en la obra de Bartolomé Mitre al sostener que este autor identifica los agentes históricos como semidioses – texto (i)- y sostiene que un sujeto corpóreo individual es reemplazable por otro, en la medida que lo que opera es una ley general del proceso histórico – texto (iv). 

– en el plano filosófico político: Alberdi objeta el supuesto de Mitre, de que habría una excepcionalidad en el proceso emancipatorio del Virreinato del Río de la Plata, la cual le daría un lugar central a la ex capital virreinal, y señala que para ello Mitre necesita utilizar una teoría microsocial del sujeto histórico, que ponga a los responsables de la asonada del 25 de mayo de 1810 y los eventos que la suceden, como responsables en última instancia de todos los sucesos del proceso emancipatorio – textos (ii) y (iii). 

– en el plano metodológico: Alberdi señala que Mitre, al intentar conectar el proceso emancipatorio del Virreinato del Río de la Plata con sus circunstancias singulares, oculta que otros procesos emancipatorios similares al que ocurrió en el Virreinato de Río de la Plata no tuvieron esas circunstancias específicas, por lo que aquellos factores etiológicos propios de la emancipación del Virreinato del Río de la Plata, no fueron sus factores etiológicos determinantes y que éstos fueron los factores etiológicos que operaron en general en la emancipación de las diversas colonias españolas en Iberoamérica – texto (iii).

Al señalar Alberdi una crítica en los tres niveles previamente expuestos, lo que hace Alberdi no es un rechazo a priori de los modelos historiográficos que propone Mitre, un análisis situacional en relación con las escalas de realidad al examinar el proceso emancipatorio en todo el Imperio español y sus constantes y sus modalidades particulares. Por consiguiente, las apelaciones que Alberdi hace a leyes o principios generales no van a explicar la dinámica particular que tuvo esa entidad política que fue el Virreinato del Río de la Plata y que luego se fragmentó en cuatro naciones políticas con una diversidad de fenómenos asociados a cada caso. En esa dirección podemos decir que la crítica de Alberdi abona las características de un empleo de esa categoría desde una filosofía crítica de la historia.

Si en la filosofía especulativa de la historia la postulación de una teoría del sujeto histórico en forma excluyente, que pueda aparecer como una fundamentación a priori e independiente de las fuentes históricas que se tengan para cada caso en particular, de una cierta estructura de los modelos historiográficos que se vayan a producir, que deberían atenerse ahí a lo que esa teoría sostiene. Por lo contrario, en el enfoque de la filosofía crítica de la historia el concepto de teoría del sujeto histórico no se entiende como una teoría sustantiva a priori, sino como una regla o principio hermenéutico que integre las tres teorías como una herramienta fundamental en la investigación histórica que lleve a examinar, en cada fenómeno particular, cuál de las escalas de realidad social es aquella que nos va a proveer de los factores etiológicos más importantes para ese fenómeno en particular. Y al mismo tiempo dicha regla hermenéutica provee de medios para examinar la articulación de las relaciones que en cada fenómeno se dan entre las tres escalas de realidad social presentes. En este sentido una teoría del sujeto histórico es una herramienta relevante en la historia científica

  1. Bibliografía

Alberdi, J. B. (1934). El crimen de la guerra. Buenos Aires: Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

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