Philipp Mainländer. Décimo ensayo. El principio regulativo del socialismo: La orden del Grial

Décimo ensayo. El principio regulativo del socialismo: La orden del Grial

Traducción Ezequiel Jorge Carranza

 

Aquellos que protegen al Grial

son los elegidos,

permanentemente serenos van de aquí a allá,

por ellos siempre ha de pagarse el mayor precio.

(Wolfram von Eschenbach, Titurel).

Dedicado a la humanidad

 

Prólogo

 

¡Arriba los corazones!

Un grito por la redención resuena en todos los estratos del pueblo, en todos los países.

Solamente una asociación de los buenos y justos puede acallarlo.

Sin embargo, ninguna de las viejas sociedades puede ser de ayuda, ya que o bien están fundadas en antiguos pensamientos doctrinarios, o poseen un círculo de acción muy restringido, o promueven precisamente aquello que permanentemente nos impulsa hacia lo más profundo de la noche de la desdicha.

Aunque solamente puede ser de ayuda una sociedad que se apoye en un fundamento que haya construido la ciencia más luminosa y que le haya dado al individuo su movimiento más libre.

La necesidad forzosa de una orden tal, su promesa, sólo puede poseer la expresión de la internalización en el alma, y debe emanar de los principios de la orden y no de la autoridad de una persona.

 

El siguiente esbozo es un intento de establecer en sus rasgos principales los efectos que estaría llamada a ejercer una unión libre de aquellos que poseen una misma orientación, y a regular el modo de su organización por medio de un estatuto determinado.

El carácter fragmentario que se debe adecuar a las partes individuales de eso que es regulativo como algo necesario de una realidad que a todos se nos presenta provisoriamente sólo en sus principios no ha de conducir a aquellos que este mismo pensamiento en su corazón toca fibras que resuenan hacia la duda acerca de su efectiva posibilidad de aplicación práctica sobre el duro y quebradizo fundamento de la vida real. Por una parte, la aparente volatilidad del trazado de líneas individuales ha estado condicionada en las cuestionables objeciones por la imposibilidad en la experiencia de lograr determinar de antemano para un fundamento dado la ubicación exacta de cada bloque que más adelante ha de componer la edificación a levantar. Por otra parte, éstas son posiciones sólo asumidas en forma de indicación, o quizás son también posiciones que simplemente han permanecido como cuestiones totalmente abiertas, que a un ojo crítico llevan a inclinarse más por el fundamento de la vida asociada en Alemania y posiblemente a querer objetar como excepciones a los practicantes que se posicionan de forma casi infalible del lado de sus muchas normativas y usos, excepciones que ante ello hacen un caso de las objeciones, que incluso las he dejado pasar de modo no totalmente inintencional. Ya que si a mí me fuese permitido ejecutar los procedimientos teóricos de mi doctrina tal como han hallado expresión en mi obra principal y en los presentes ensayos aquí dados, concebidos como ampliaciones de la misma, e incluso su valoración práctica, y con ello alcanzar el propósito cuyo contorno ideal a diario se muestra claramente ante mis ojos, entonces interferirían las efectivas relaciones de poder establecidas, con las cuales en la actual vida estatal el establecimiento de una asociación de un entorno tan amplio como el mencionado encontraría conflictos, si bien ya de por sí la última mano que corrija o complete habrá de posarse sobre aquellos puntos que precisen un proceder más preciso o modificaciones esenciales en su redacción original antes de que esta misma pueda entrar en vigencia. Pero si se decidiese de otro modo en la voluntad y acción del destino, ¿por qué habría de restringir la libertad y dicha del trabajo autónomo sobre la estructura fundamental legada por mí a las muy penosas y precisas determinaciones de la letra, cuando aquellas “fieles, valientes y limpias manos”, ya sea más tarde o más temprano, hayan de tomar los pensamientos aquí depositados a fin de darle forma y vida, para que así sea completado aquello que se me ha permitido ver solamente con los ojos del espíritu? En ese caso habría completado mi tarea de lograr asentar la piedra fundamental del “refugio de la justicia” con la afirmación ocurrida de aquello que es válido por todos los tiempos, es decir, de aquello que no está influido ni ligado a las formas y estructuras cambiantes de ninguna época; y esto hará que los verdaderos opositores de la dirección del movimiento del mundo al que llamamos destino tengan que reconocerla como el camino de Dios, aceptarla y plegarse a ella. Votum solvimus nos quorum nomina Deus scit!

Así también para la presente alusión a lo regulativo.

La forma en que se presenta también habrá de precisar palabras completamente aclaratorias para mantener lejos a los filósofos de las objeciones gratuitas (¡y sobre todo al filósofo práctico en el momento en que uno se alista para darle el seguro fundamento de la realidad más concreta a una piedra angular de su edificio doctrinario!), objeciones que en su forma de presentación los han hecho culpables de aquello que usualmente se les atribuye sólo a los poetas: de la libre creación de una mera imagen de fantasía.

¿Una “orden del Grial” en la segunda mitad del siglo diecinueve? Mirabile auditu!

¡Sí!

¿Un nombre que esté del mismo modo arraigado profundamente en la lejana Edad Media, como sencillamente más avanzado que aquél de su iniciador? ¿Y con ese iniciador propuesto como alguien empapado de heroísmo épico sin desatender el brillo de la total actualidad no datando recién en los días actuales el noble oficio de su regencia del Grial?

¡Sí!

¿Siendo “templeisen”, “sabios”, “pajes”, etc. los miembros de esta corporación organizada como una misteriosa orden, medio monacal y medio caballeresca?

¿Estando un “Perceval”, un “Lohengrin” en la cima de aquella, siendo el siguiente en estos altos cargos un “senescal”, un “comendador”? (Para todo lo cual el nutrido vocabulario de nuestros tiempos tendría a la mano las tan precisas y naturales designaciones de las “presidencias” y de sus subordinados, de la dirección de sus filiales, de sus vicarios, de sus secretarios, etc.)

¿Con las boberías de un “cabildo de la orden”, un “ritual”, una “promesa”, como también una respectiva “observancia” estricta de todo ello y todas las demás cosas similares, imposibles de tomar en serio?

¡¿Y todo este aparato lleno de polvo y oxidado, llevado de la cámara de armas de la época de las cruzadas hasta nuestros días, es un medio supuestamente efectivo para conseguir el propósito anunciado: poder ayudar a conducir hacia su solución, siempre por un camino práctico, a las cuestiones de nuestros tiempos que son más candentes y que se rozan y colisionan en las oposiciones más toscas y cortantes?!

¿Por qué no?

Ya en otro pasaje, en el momento de dar una definición científica (en el ensayo “El idealismo”, página 40), he caracterizado una “oscuridad necia”, algo que ya anteriormente ha sido muy bien expresado, pero que por su supuesta “novedad” he querido plasmarlo una vez más con otras palabras. Ante mis ojos también vale lo mismo para el hecho que fue claramente explicado y concluido en una gran obra del espíritu, que quizás recién en los próximos siglos se hará visible en su manifestación: el verdadero hecho, el “espíritu”.

¿Pero esa imagen, válida como muestra, de una unión de los buenos y de los justos en verdad debió ser pensada y generada con el propósito de la entrega desinteresada e inmoladora a la obra de la salvación de una humanidad sedienta de redención? Ciertamente no. Hace más de seis siglos, en la Edad Media, se ha reflejado con una claridad y pureza transparente en el luminoso espíritu de un auténtico alemán, del mayor poeta de nuestra nación, y arrojó a nuestros tiempos estruendosos y de ebullición su brillo armoniosamente luminoso, como si fuera una estrella de la sabiduría y de la paz fielmente conducida por las salvajes prisa y búsqueda sobre las nubes de tormenta que constantemente danzan a nuestro alrededor. Solamente se necesita seguir su simple contorno, su ordenamiento completamente armónico y se tendrá y retendrá con mano firme aquello que en la sección titulada “Política” de mi obra principal (en la página 301) y en la conclusión del octavo ensayo de este tomo he presentado claramente como la única cosa que se necesita para conducir hacia su adecuado lecho a ese turbio torrente de una tortuosa y animalizada vida humana que se desplaza de aquí a allá, para conducirlo hacia el claro, amplio y poderoso flujo de la educación más rica en todo sentido, que se vuelca sobre fértiles campos, para llevarnos hacia la plenitud de la existencia más saludable, dichosa y soleada. Pues, pregunto, ¿si se diese el caso de que una sociedad portadora del espíritu de la humanidad más elevada y noble, una hermandad de auténticos “caballeros del Espíritu Santo”, de libres servidores de la ley divina, pueda alcanzar su ansiado florecimiento, sería entonces algo diferente de la realización del luminoso sueño que iluminó el alma del noble Wolfram von Eschenbach cuando tomó de las puras y valientes manos de la selecta comunidad del Grial de su “Perceval” la misión más elevada que puede ser pensada, la redención del mundo?

Así será también para todos los que hayan seguido con lucidez las exposiciones del séptimo ensayo, y en especial la de las páginas 265 y 268, a quienes sólo esto se les podrá figurar como una consecuencia lógica del principio allí desarrollado, cuando arriba a los dos nombres en que se acentúa más fuerte y sonoramente el muy confiable sonido del pensamiento fundamental de la majestuosa creación magistral de Wolfram, así también como cuando nuevamente se halla ante el pasaje en el que el ideal de este genial franco aspira alcanzar su encarnación final. No es un romanticismo místico que en un movimiento ciegamente retrógrado pretenda poder encorcetar en la pesada armadura de un anquilosamiento formal propio de la Edad Media a una institución del siglo diecinueve que debe sustentarse de forma pronunciada en los resultados de la más libre investigación y en las bases del más libre movimiento individual, dando a la denominación “orden de Grial” una preminencia frente a cualquier otra que pueda tomarse en consideración al abarcarla con la mirada; tampoco se trata de un entramado de sueños utópicamente anacrónicos opacando la mirada libre y bien afinada sobre las manifestaciones de los procesos de fermentación social que se precipitan duramente en el espacio, que deba reconocer claramente como líder e iniciador de esta orden moderna en forma exclusiva a un solo Perceval, a uno que “inmerso en ello” y más allá de todos los estados de la duda haya transitado victoriosamente la iluminación interior y la más perfecta autosuperación. Tampoco alcanza a pasarse de mano en mano sin nunca extinguirse el fuego sagrado de un amor al prójimo dispuesto al sacrificio, que arde en forma omnipotente, que se asemeja a un faro, que se acerca y aviva al fulgor divino, siendo que su luminosidad precisamente nos conduce a lo largo de las más turbias y oscuras estaciones en el camino de la humanidad, y nos lleva a través de luchas y tormentas hacia un puerto seguro. Los grandes precursores, es sobre cuyos hombros donde ha de promoverse en nuestra época la creación de una “orden del Grial” de estos tiempos: la libre unión voluntaria es impuesta como herramienta para la gran marcha del movimiento de la humanidad a los guerreros del destino que se ofrecen y se aprontan; a esos grandes precursores, con manos puras, se les ha elevado la llama lo suficientemente alto, por encima de los acantilados y remolinos de un oscuro torrente humano azotado por las luchas y el dolor, a fin de enviar con fuerza inclaudicable su cálido brillo que penetra en las almas hacia las ondulantes corrientes y rompientes de nuestros tiempos. Por eso a ellos la gloria de haber nacido.

Entonces, ¿qué es aquello que aún concierne a la formación del estilo de expresión que empleo, que con total certeza va más allá de algo presente, da por sentado ya algo que está conformándose, aparentemente donde sólo recién puede hablarse de algo que deviene, donde sólo recién puede fundarse el sustento y razón de su existencia?, ¡¿por qué aquí quiero casi gritar con Goethe?!, ¡¿por qué

 

entonces está todo igualmente fundamentado?!

Mientras la nieve se derrite, habrá de ser hallado.

 

Hasta la publicación de las páginas de mi diario que habrán de arrastrar totalmente a este punto hacia la claridad, permitamos que sea suficiente mi simple aseveración de que en mi convencimiento individual (al que no fuerzo a nadie) los datos que fundan al estatuto en tres columnas básicas refieren a una verdad que es inamovible. Bastará aún cuando sólo haya dos personas más presentes en el día y en el momento de su nacimiento, de aquello que para mí significa la total formación de la orden, pues recién tres “faciunt collegium”. ¿No nos ha hecho el Salvador la bella promesa?

 

En donde dos o tres se reúnan en mi nombre, allí voy a estar entre ellos. (Mateo 18, 20).

 

¿Y lo mismo no debería valer también para el aliento de Dios que atraviesa el mundo y nos conduce hacia sus fines, para el Espíritu Santo que se consagra a esta asociación de servidores libres y a la santa voluntad de Dios expresada en esta gran ley?

En este sentido ha sido instituida la orden fundada en el día señalado y simplemente la semilla sembrada, su germinación, su crecimiento paulatino y la formación de un árbol que proyecte una sombra extensa permanecerán como cuestiones del tiempo, bajo cuya segura protección el aura seminalis no deja desprotegido a nadie apto para vivir y con fuerza para vivir que esté determinado a fungir como un factor de aceleración en la marcha del desarrollo de la humanidad.

Con esa confianza inconmovible en el seguro resultado final de mi filosofía y en su exquisito provecho he asentado la piedra clave de mis tratados sociales, y la envío al mundo como si fuera el último de los “doce apóstoles” de mi doctrina, para que junto a sus hermanos predecesores pueda completar la misión que les fue asignada:

 

¡Sanad a los enfermos, limpiad a los impuros, resucitad a los muertos y expulsad a los demonios! (Mateo 10, 7-8).

 

¡Arriba los corazones!

¡Elevad vuestros corazones! ¡Vosotros que bajo el beso del pensamiento de redención os halláis en una ardiente combustión en el alma, cuando aunque sea por un único instante lográis ver con ojos embelesados la develada imagen de una humanidad carente de dolor, una imagen que portáis en vosotros, que desde entonces ha de permanecer imborrable como el reflejo de un Edén que puede volverse realidad.

¡Elevad vuestros corazones, moved vuestras manos leales, puras y valientes, posadlas con vigor, aplicando todas vuestras fuerzas, en la difícil pero gran obra que con desgarradora violencia os imploran realizar desde todas esas miradas exhaustas y toscas, desde todos esos corazones desiertos y amargados, desde todas esas pálidas figuras con las mejillas hundidas de una humanidad que aún sufre!

¡Actuad y vivid, pelead y sufrid por su realización y culminación por medio de vuestra inserción en el movimiento fundamental del destino: la dirección inalterable del movimiento de la humanidad, cuando sus brillantes sabios nos iluminen las cuatro flores de estrellas de Dios!

¡Si estáis agotados o habéis tropezado, regocijaos siempre con vuestros ojos del espíritu por esta “futura gran dicha” sobre la cual habla la luminosa y dorada lejanía de un estado ideal que se volverá una realidad: ese último punto a atravesar en el camino hacia una final y serena redención de una pobre humanidad que es impulsada hacia adelante sin descanso y sin pausa!

¡Calmad en vuestros corazones ese profundo anhelo por la tierra prometida de la paz eterna, siempre cuando os dejéis ver no aprontados (worked out) para los caminos e intenciones del destino en la dirección de la marcha del mundo, saciaos en la fuente del incesante trabajo, de la pura acción por los demás; para elevar a la altura de vuestros conocimientos a todos los demás que no hayan llegado tan lejos, para arribar al pensamiento de la redención!

¡Sed puros templeisen, fieles protectores y cultores del mayor bien de la humanidad; auténticos caballeros del Grial de la santa voluntad de Dios; fieles, valientes servidores de la ley divina corporeizada en la paloma del Espíritu Santo: amor a la patria, justicia, amor al prójimo y castidad!

¡En este signo (lo tenemos elevado hacia el Señor) queremos vencer y hemos de hacerlo!

Día 3 de marzo de 1876.

 

La orden del Grial

 

La orden del Grial fue fundada a medias el 17 de septiembre de 1874 por, digamos, Peredur. No es una orden secreta, sino absolutamente pública. Por eso su estatuto muestra toda su esencia.

 

El estatuto de la orden del Grial

 

  1. El propósito de la orden

 

El propósito de la orden es la fiel e incesante preparación y el allanamiento de todos los caminos que conducen hacia la redención; o lo que es lo mismo: la realización de lo que es anhelado con palabras y hechos por toda la humanidad, de lo que sofoca a toda la humanidad, de la ley divina simbólicamente corporeizada en la paloma del Espíritu Santo:

Amor a la patria, justicia, amor al prójimo y castidad.

 

  1. Los miembros de la orden

 

A la orden la forman:

 

  1. a) los templeisen
  2. b) los sabios
  3. c) los pajes
  4. d) los ayudantes

 

Aspectos generales

 

1) Los miembros de las tres primeras clases, los servidores, viven en las casas de la orden, en las cortes del Grial.

2) Las cortes del Grial son su patria.

3) En la misma se dedican a sus oficios civiles.

4) Su movimiento no está impedido por nada. Solamente está regulado por las normas de la casa y por los votos.

5) Su trabajo cubre su sustento.

6) Cuando un miembro hace una donación patrimonial a la orden, recién con la muerte del donante ha de hacerse efectiva.

7) No existe un uniforme de la orden.

8) El sello de la orden es una paloma con las alas extendidas. Su epígrafe reza: La orden del Grial.

9) La bandera de la orden es blanca y muestra en el medio un bello joven con unos grandes ojos de mirada pacífica: la esclarecida imagen de la muerte, cargado por una paloma, por el símbolo de la redención.

 

  1. Los templeisen

 

Aspectos generales

 

1) En los templeisen se encuentra unificado el espíritu de lucha espiritual y terrenal.

2) Todos los templeisen están obligados a sostener una ponencia por año. Se puede sostener más de una.

 

Ingreso

 

1) El ingreso es libre para todo aquel que haya completado el vigésimo año de vida, que esté obligado a servir a su patria con las armas, o quiera hacerlo, y que sea soltero.

2) No es un impedimento ni el estatus, ni la ocupación, ni la nacionalidad, ni la confesión religiosa, ni la vida pasada.

 

Egreso

 

El egreso siempre está permitido.

 

  1. Los sabios

 

Aspectos generales

 

1) Los sabios o bien no son miembros de las fuerzas armadas organizadas de su pueblo, o una vez cumplida esa obligación militar ya no desean pelear con armas.

2) Durante la guerra se dedican al cuidado de los heridos.

3) Todos los sabios están obligados a sostener una ponencia por año. Se puede sostener más de una.

 

Ingreso

 

1) El ingreso es libre para todo aquel que haya completado el vigésimo año de vida, que sea soltero.

2) No es un impedimento ni el estatus, ni la ocupación, ni la nacionalidad, ni la confesión religiosa, ni la vida pasada.

3) Los templeisen que una vez cumplida su obligación militar ya no desean prestar servicios con las armas han de ingresar en la comunidad de sabios.

 

Egreso

 

El egreso siempre está permitido.

 

  1. Los pajes

 

Aspectos generales

 

Los pajes son aquellos que quieren dedicarse al servicio del Grial, a la ley divina, una vez completado el vigésimo año de vida.

 

Ingreso

 

1) El ingreso es libre para todo aquel que haya completado el décimo quinto año de vida y que cuente con el permiso de su padre, o que se encuentre emancipado.

2) No es un impedimento ni el estatus, ni la ocupación, ni la nacionalidad, ni la confesión religiosa, ni la vida pasada.

 

Egreso

 

El egreso siempre está permitido.

 

  1. Los ayudantes

 

Aspectos generales

 

1) Los ayudantes son los protectores de la orden del Grial.

2) Pagan a la orden una contribución anual según sus posibilidades.

3) Por ello reciben el informe anual de la orden.

4) Todo ayudante debe enviar cada año al menos una carta a la orden.

5) Los ayudantes siempre han de ser huéspedes muy bienvenidos de la orden. En todo momento han de encontrar techo y cuidados en las cortes del Grial.

 

Ingreso

 

1) Todo aquel que haya completado el vigésimo año de vida puede ingresar en la comunidad de los ayudantes.

2) La solicitud debe ser enviada por escrito.

 

Egreso

 

1) El egreso siempre está permitido.

2) Debe ser comunicado por escrito.

 

III. La organización de la orden

 

  1. La orden masculina

 

Aspectos generales

 

1) En la cúspide de la orden se encuentra el Perceval.

2) A su lado se encuentran:

  1. el senescal, su representante.
  2. el comendador de los templeisen.
  3. el comendador de los sabios.
  4. el comendador de los pajes.
  5. el comendador del tesoro, al mismo tiempo, el comendador de los ayudantes.
  6. el comendador de la casa.

3) En la cúspide de cada filial de la orden se encuentra el Lohengrin, que al igual que el Perceval se halla secundado por seis funcionarios.

4) En la orden no existe ninguna diferencia de rango. El Perceval es el primero entre los iguales.

 

Aspectos especiales

 

  1. El Perceval

 

1) El Perceval debe ser un templeisen.

2) Representa a la orden.

3) Preside todas las reuniones.

4) Posee poder de veto sobre la aceptación en la orden y sobre mociones que pretendan la modificación del estado de situación.

5) No es removible.

6) Sin embargo puede declinar su cargo.

7) Sólo es el Perceval el tiempo que es un templeisen.

8) Tiene derecho a presentar a su sucesor.

9) Desempata si se da una igualdad en la votación.

10) Cuando el Perceval y el senescal se encuentran en guerra, el comendador de los sabios se sitúa en la cúspide de la orden.

 

  1. El Lohengrin

 

1) El Lohengrin debe ser un templeisen.

2) Es delegado y removido por la corte madre.

3) Representa a la filial.

4) Preside todas las reuniones de su corte.

5) Desempata si se da una igualdad en la votación.

 

  1. Los funcionarios

 

1) Los funcionarios son elegidos por los miembros de cada corte del Grial.

2) Deben ser elegidos por una mayoría de dos tercios de los miembros inscriptos de cada corte del Grial.

3) El senescal y el comendador de los templeisen deben ser templeisen. El comendador de los sabios debe ser un sabio.

 

  1. Las reuniones de la orden

 

Aspectos generales

 

Todo miembro puede elevar propuestas.

 

  1. El cabildo de la orden

 

1) Toda corte del Grial se reúne diariamente y ordena todas sus disposiciones por mayoría simple en los votos de los presentes, con la excepción de la elección de los funcionarios.

2) Cuando muere un funcionario, el cabildo de la orden elige de inmediato un sucesor.

3) El cabildo de la orden de la corte madre decide acerca la aceptación de los miembros catorce días después de la solicitud o presentación.

4) Si alguien se presenta en una filial para solicitar su ingreso, el cabildo de la orden de esa filial decidirá acerca de esa presentación.

5) Si una filial descarta una solicitud de admisión, la persona rechazada puede dirigirse a la corte madre.

6) Toda correspondencia, disposición, autorización, etc. debe tener la firma del Perceval y la del senescal, o la del Lohengrin y la de su senescal.

7) Hacia afuera de la orden solamente tienen vigencia aquellos escritos que hayan sido firmados por el Perceval y por el senescal. Pero también aquellos escritos de un Lohengrin y de sus senescal son obligatorios cuando al mismo lo acompaña un poder del Perceval y de su senescal.

 

  1. El cabildo general

 

1) Al finalizar cada año tiene lugar un cabildo general en la corte madre.

2) El mismo se compone de:

  1. Todos los miembros de la corte madre.
  2. Todos los Lohengrins de las filiales.
  3. Un delegado de cada filial, que haya sido elegido por el cabildo de la orden.

3) El Lohengrin puede ser reemplazado por un funcionario de su corte.

4) Del mismo modo, el Lohengrin de una filial muy lejana (por ejemplo, de Japón, de Brasil) puede ser representado por un funcionario de otra filial al que se le otorguen dos votos por las cortes a las que representa.

5) En casos urgentes el cabildo general puede ser convocado fuera de término por el Perceval.

6) Solamente el cabildo general puede expulsar miembros, como así también reincorporar miembros expulsados tras haber sido cesados por un año.

7) Elige al Perceval.

8) Si el Perceval muere sin haber presentado a un sucesor, el senescal llama al cabildo general de modo que éste surja en un mes como último plazo.

9) Si el senescal muere antes de que haya tenido lugar la nominación, la hará el comendador de los templeisen de la corte madre, o eventualmente el comendador de los sabios, y así sucesivamente. En el período intermedio el senescal se situará en la cúspide de la orden, o eventualmente el comendador de los templeisen, y así sucesivamente.

10) Todas las resoluciones serán tomadas por mayoría simple de votos. Sin embargo, en la elección del Perceval es necesaria una mayoría de dos tercios.

 

  1. El cabildo de los Lohengrins

 

1) Si la orden se encuentra en peligro viéndose afectado el Perceval u otro miembro, entonces intervienen los Lohengrins en conjunto.

2) Si la situación de peligro no afecta al Perceval, entonces éste por su propia cuenta ha de convocar al cabildo; en todos los otros casos ha de convocarlo inmediatamente sólo basándose en una resolución del cabildo de la orden de la corte madre o del cabildo general.

3) Han de reunirse en un plazo no mayor de catorce días después de la convocatoria. Los Lohengrins de filiales muy lejanas pueden ser representados por otros Lohengrins presentes.

4) No existe ninguna apelación a sus resoluciones por mayoría simple.

5) Cuando es convocado por el Perceval, éste no ha de tomar parte en las votaciones.

6) Con un veto del Perceval no puede ser convocado el cabildo de los Lohengrins.

7) El cabildo de los Lohengrins puede apartar del cargo por un año al Perceval con una mayoría de dos tercios en la votación.

8) Durante ese tiempo el senescal ha de conducir la orden.

9) Si el senescal se encuentra comprometido, el cabildo ha de elegir a un representante del Perceval.

 

  1. Visitas

 

Mensualmente las filiales han de ser visitadas por un delegado de la corte madre.

 

  1. La orden de las mujeres

 

1) La orden de las mujeres es independiente de la de los hombres.

2) El interés común de ambas órdenes ha de ser preservado por el Perceval y por la primera de su orden.

3) El tipo de esa acción común determina el estatuto de la orden de las mujeres.

 

  1. La orden del día

 

1) A las siete de la mañana se desayuna.

2) A las doce del mediodía se almuerza (platillos de carne y simples platillos vegetarianos).

3) A las siete de la tarde se cena.

4) A las once de la noche se cierra la corte del Grial.

 

  1. El ritual

 

  1. Aceptación

 

Aspectos generales

 

1) A la aceptación la realiza el Perceval; pero puede ser representado por un funcionario.

2) Un funcionario y un miembro deben fungir como testigos.

3) Los testigos son designados por orden alfabético.

4) Todos los presentes en el acto deben llevar los ornamentos que solamente se disponen para esta ocasión.

5) Se labrará un protocolo sobre la aceptación en la matrícula de la orden, del cual el miembro admitido tendrá un recibo.

 

  1. Aceptación de los templeisen

 

1) Ambos testigos deben ser templeisen.

2) El Perceval ha de llevar el faldón de armas blanco con flecos rojos, la armadura plateada: coraza con la paloma y casco con la paloma, su espada y el manto rojo con la paloma blanca.

Los testigos han de llevar el mismo uniforme, sin el manto.

El externo ha de llevar el mismo uniforme, sin la armadura y sin el manto.

3) Los testigos han de conducir de la mano al externo ante la presencia del Perceval, y luego situarse a sus flancos.

4) (Presentación)

Perceval: Antes del mundo solamente existía Dios. No había ningún otro ser junto a Dios, y ningún espíritu puede fundamentar ni comprender el ser de Dios. Eso sí sabemos.

Pero Dios ha muerto y su muerte fue la vida del mundo.

Y Dios murió y el mundo nació porque Dios sólo pudo librarse de la propia existencia mediante el proceso del mundo.

De este modo, el mundo es Dios fragmentado y la lucha en el mundo es la redención de su existencia.

Es decir, Dios ya no existe más, sino solamente existe el mundo.

Pero el origen a partir de un único Dios envuelve en un fuerte vínculo a todos los seres individuales.

Así, solamente hay un mundo y ningún Dios. Pero el aliento divino atraviesa y penetra en el mundo. Eso sí sabemos.

Y el aliento divino es la ley divina; y la ley divina es el camino del mundo; y el camino del mundo es el camino de la verdad.

De este modo, el aliento divino, la ley divina, el camino del mundo y el camino de la verdad son una y la misma cosa. Eso sí sabemos.

Y la letra de la ley, o el arco del triunfo en el camino, o los pasos del movimiento del mundo, o los caballos dorados de la voluntad divina son: el amor a la patria, la justicia, el amor al prójimo y la castidad.

Resumimos esas cuatro virtudes en la figura de la paloma.

Así, la paloma es la ley divina corporeizada, o la redención.

Existe una sola humanidad y muchos pueblos, existe una sola humanidad y muchos hombres.

Y mientras la humanidad no sea un solo pueblo, cada estado individual ha de ser salvado por el aliento divino.

De este modo, el estado es lo único santo que existe sobre la tierra. Eso sí sabemos.

Pero cuando nos entregamos a esa cosa santa, nos entregamos a la ley divina. Eso sí sabemos.

Y mientras más ardorosamente nos entregamos a la patria, tanto más puramente hemos de servir a la ley divina.

Así la paloma exige ante todo una entrega a la patria ardorosa, íntegra y total hasta que la humanidad sea un solo pueblo.

Cuando la humanidad se vuelva un solo pueblo, la paloma habrá de perder la reluciente pluma del amor a la patria. Pero hasta entonces esta pluma habrá de pertenecer al brillante plumaje de la paloma, y quien aparte la mirada de esa pluma ha de traicionar a la ley divina y se convertirá en un desdichado.

En segundo lugar la paloma exige justicia.

Todos los hombres son llamados a la redención y ninguno es excluido.

De este modo, la paloma exige que todo hombre procure los medios para ser redimido.

Y esos medios son una misma cantidad de trabajo para cada uno, un mismo rol para cada uno, un mismo descanso para cada uno, una misma formación para cada uno en los estados particulares.

Así la paloma exige de nosotros que para los hombres luchemos por alcanzar esos medios. Eso sí sabemos.

En tercer lugar, la paloma exige amor al prójimo.

Ninguno es más valioso ante la ley divina, ninguno es más digno de ser amado que otro.

De este modo la paloma exige de nosotros una misma bondad para todos, una misma mansedumbre para todos, una misma humildad para todos, un mismo amor para todos. Y nadie debe situarse más alto o más bajo en nuestros corazones, sino todos deben estar en un mismo nivel.

En cuarto lugar, la paloma exige castidad.

El impulso sexual es el lazo que nos ata más fuertemente al mundo; es la piedra más grande que nos separa de la paz en el corazón; es el velo más grueso que nos cubre de las flores de estrellas de la ley divina.

Solamente quien se encuentra completamente libre de las personas y de las cosas ha de ser un puro sacerdote de la paloma.

Así la paloma exige de nosotros castidad absoluta. Eso sí sabemos.

5) (Promesa)

Perceval: Entonces en primer lugar has de prometer:

Que deseas luchar valiente y fielmente por tu patria, con las armas, en contra de otros estados y hasta la muerte, ya que sólo a partir de la acción común y de la acción contraria de los estados ha de surgir en nuestros tiempos la marcha de la humanidad.

Externo: ¡Lo prometo!

(Si el externo es extranjero, se ha de agregar lo siguiente:

Perceval: Además has de prometer que no querrás defender a los nuestros, si nos enfrentamos en el campo de batalla como enemigos, ya que nosotros tampoco querremos defender a los tuyos. Aún no ha llegado el reino de la paz y mientras más valientemente luchemos por nuestra patria, tanto más rápido habrá de presentarse el reino de la paz.

Externo: ¡Lo prometo!)

Perceval: Entonces en segundo lugar has de prometer:

Que deseas luchar, y si así debe ser, incluso morir, por un mismo trabajo, un mismo rol, un mismo descanso, una misma formación para cada ciudadano de tu estado.

Externo: ¡Lo prometo!

Perceval: Entonces en tercer lugar has de prometer:

Que deseas servir a todos los hombres con una misma bondad de corazón, una misma mansedumbre, una misma humildad, un mismo amor; que no deseas amarme más que a los otros templeisen, y a ellos no más que a los sabios, y a los sabios no más que a los otros hombres, sino que deseas abarcar a todos los hombres con un mismo amor y no deseas odiar a ningún hombre.

Externo: ¡Lo prometo!

Perceval: Entonces en cuarto lugar has de prometer:

Que a partir de hoy deseas marchar inmaculado de mujeres, inmaculado de hombres, inmaculado de animales e inmaculado de ti mismo, hasta que no puedas sostener más esta promesa y debas separarte de nosotros.

Externo: ¡Lo prometo!

6) (Juramento)

Perceval: Entonces jura a la paloma lealtad intensa, pura y clara:

Deseo ser un hijo de la luz, deseo ejercer con sabiduría absoluta el amor a la patria, la justicia, el amor al prójimo y la castidad, por el Dios Uno anterior al mundo, por su hijo, el mundo, por su sagrado aliento que penetra en el mundo, por el Espíritu Santo.

Externo: (se arrodilla y abraza a la paloma)

Deseo ser un hijo de la luz, deseo ejercer con sabiduría absoluta el amor a la patria, la justicia, el amor al prójimo y la castidad, por el Dios Uno anterior al mundo, por su hijo, el mundo, por su sagrado aliento que penetra en el mundo, por el Espíritu Santo.

7) (Aceptación)

Perceval: De esta manera te acepto en la comunidad de los templeisen del Grial.

(Lo levanta, lo toma de ambas manos y lo abraza. Luego le cuelga una cadena de bronce.)

Sé obediente a tu juramento en todo lugar y en todo tiempo.

(Coloca en su cinto la espada.)

Trabaja, lucha y sufre por los otros, hasta que tus ojos colapsen.

(Le coloca la coraza.)

Sé fiel a la paloma hasta tu muerte.

(Le coloca el casco.)

Sé valiente, pobre y casto.

(Entonces los testigos le dan la mano a su hermano y se firma el protocolo.)

 

  1. Aceptación de los sabios

 

1) Ambos testigos deben ser sabios.

2) El Perceval ha de llevar el traje negro de civil, la coraza y el casco (no la espada) y el manto blanco con la paloma azul.

Los testigos han de llevar el mismo traje, sin el manto.

El externo ha de llevar el mismo traje, sin el manto y sin armadura.

3) Los testigos han de conducir de la mano al externo ante la presencia del Perceval, y luego situarse a sus flancos.

4) (Presentación)

Es la misma de los templeisen.

5) (Promesa)

Perceval: Entonces en primer lugar has de prometer:

Que quieres amar a tu patria con toda tu alma, con todo tu corazón y con todo tu ánimo.

Externo: ¡Lo prometo!

Perceval: Entonces en segundo lugar has de prometer:

Que deseas luchar, y si así debe ser, incluso morir, por un mismo trabajo, un mismo rol, un mismo descanso, una misma formación para cada uno en tu patria.

Externo: ¡Lo prometo!

Perceval: Entonces en tercer lugar has de prometer:

Que deseas servir a todos los hombres con una misma bondad de corazón, una misma mansedumbre, una misma humildad, un mismo amor; que no deseas amarme más que a los otros sabios, y a ellos no más que a los templeisen, y a éstos no más que a los otros hombres, sino que deseas abarcar a todos los hombres con un mismo amor y no deseas odiar a ningún hombre.

Externo: ¡Lo prometo!

Perceval: Entonces en cuarto lugar has de prometer:

Que a partir de hoy deseas marchar inmaculado de mujeres, inmaculado de hombres, inmaculado de animales e inmaculado de ti mismo, hasta que no puedas sostener más esta promesa y debas separarte de nosotros.

Externo: ¡Lo prometo!

6) (Juramento)

Es el mismo de los templeisen.

7) (Aceptación)

Perceval: De esta manera te acepto en la comunidad de los sabios del Grial.

(Lo levanta, lo toma de ambas manos y lo abraza.)

Sé obediente a tu juramento.

(Le coloca una cadena de plata.)

Trabaja, lucha y tolera a los demás.

(Le coloca la coraza.)

Sé fiel a la paloma.

(Le coloca el casco.)

Sé valiente, pobre y casto.

(Entonces los testigos le dan la mano a su hermano y se firma el protocolo.)

 

  1. Aceptación de los pajes

 

1) Ambos testigos deben ser sabios.

2) El Perceval y los testigos han de llevar la vestimenta de los sabios, el externo un traje negro de civil.

3) Los testigos han de conducir de la mano al externo ante la presencia del Perceval, y luego situarse a sus flancos.

4) (Presentación)

Perceval: El Grial, hijo mío, es la voluntad divina, y quien deja que su propia voluntad fluya hacia la voluntad divina, habrá de encontrar reposo para su alma.

Y la paz en el corazón es el bien más preciado.

La voluntad divina se encuentra corporeizada en nuestro símbolo, en la paloma.

De este modo la paloma exige de ti fidelidad, amor y obediencia a tus maestros, que habrán de revelarte la ley divina.

5) (Promesa)

Perceval: Entonces has de prometer:

Que deseas sernos fiel, amarnos y que deseas seguirnos.

Externo: ¡Lo prometo!

6) (Juramento)

Perceval: Entonces has de jurar:

Fidelidad a la paloma

Externo: (Se arrodilla y posa su mano sobre la paloma.)

¡Fidelidad a la paloma!

7) (Aceptación)

Perceval: De esta manera te acepto en la comunidad de los pajes del Grial.

(Lo levanta y lo abraza.)

Ojalá alguna vez puedas llegar a ser un orgullo del Grial.

(Le coloca una corona de claveles.)

Ojalá puedas permanecer puro hasta la muerte.

(Cuelga en su cuello la cinta negra con la paloma de bronce. Entonces los testigos abrazan al nuevo paje y se firma el protocolo.)

 

  1. Aceptación de los ayudantes

 

1) A los ayudantes se les ha de informar por escrito su aceptación.

2) En el escrito ha de constar un documento de aceptación junto a una pequeña paloma de bronce.

3) El documento de aceptación ha de estar firmado por el Perceval y todos los funcionarios, y ha de llevar el sello del Grial.

 

  1. Traspasos

 

1) Una vez completado su vigésimo año de vida cada paje ha de ingresar a la comunidad que haya elegido.

2) Cuando un sabio ingresa a la comunidad de los templeisen, los testigos (deben ser templeisen) conducen ante el Perceval al sabio, quien debe llevar sus ornamentos (pero con el faldón militar de los templeisen).

Perceval: los templeisen saludan al sabio.

Te libero de la primera parte de tu promesa.

En su lugar has de prometer:

Que deseas luchar valiente y fielmente por tu patria, con las armas, en contra de otros estados y hasta la muerte, ya que sólo a partir de la acción común y de la acción contraria de los estados ha de surgir en nuestros tiempos la marcha de la humanidad.

Sabio: ¡Lo prometo!

(Si es un extranjero, a continuación ha de seguir una promesa agregada. Ver aceptación de los templeisen.)

Perceval: De esta manera te acepto en la comunidad de los templeisen del Grial.

(Lo abraza, le coloca la espada en el cinturón, retira la cadena de plata de su cuello y le cuelga una cadena de bronce.)

3) Cuando un templeisen ingresa a la comunidad de los sabios, los testigos (deben ser sabios) conducen ante el Perceval al templeisen, quien debe llevar sus ornamentos (pero con el faldón negro de los sabios).

Perceval: los sabios saludan al templeisen.

Te libero de la primera parte de tu promesa.

En su lugar has de prometer:

Que deseas amar a tu patria con toda tu alma, con todo tu corazón y con todo tu ánimo.

Templeisen: ¡Lo prometo!

Perceval: De esta manera te acepto en la comunidad de los sabios del Grial.

(Lo abraza, le retira la espada del cinturón, retira la cadena de bronce de su cuello y le cuelga una cadena de plata.)

 

  1. Abandono

 

Cuando un templeisen, un sabio o un paje abandona la orden, con todo su ornamento comparece ante el Perceval conducido por los testigos.

Perceval: Te libero de tu promesa, disuelvo tu juramento.

(Le quita su ornamento.)

Ojalá los recuerdos de tu vida con nosotros puedan ayudarte a comprender tu vida en el mundo.

Ojalá la figura de la paloma penda sobre ti en el desierto del mundo y pueda consolarte.

¡Hasta siempre!

 

  1. Expulsión

 

Todos llevan su ornamento.

Perceval: Has roto tu promesa.

Has atentado contra la paloma.

(Le retira su ornamento.)

Ojalá la imagen de la paloma sangrante pueda ayudarte a mejorar.

¡Hasta siempre!

 

  1. Medios para lograr el propósito de la orden

 

1) Los templeisen luchan a favor del estado ideal dentro del estado actual, y junto a éste, en contra de los otros estados.

2) Los sabios luchan a favor del estado ideal dentro del estado actual.

3) La lucha de los templeisen contra otros estados es desarrollada por ellos como miembros del ejército nacional.

4) La lucha dentro del estado tiene como propósito:

  1. La promoción de la humanidad en todos los ámbitos.
  2. La emancipación del cuarto estado.
  3. La emancipación de todos los estados de las ataduras de la ignorancia.
  4. El cultivo del arte, de la ciencia, de la agricultura y de la industria.
  5. La protección de los animales.

5) Existe ingreso libre para todos a las ponencias de los miembros de la orden.

6) La orden evalúa las ponencias tras haber sido presentadas, y luego publica las mejores.

7) La orden envía docentes populares itinerantes.

8) La orden concurre a todos los congresos de humanidades y científicos.

9) La orden promueve candidatos para la representación popular. Pero el Perceval, su senescal, los Lohengrins y sus senescales no pueden ser representantes populares.

 

Motivos

 

1) La tarea más destacada de la orden es la resolución de la cuestión social, que se comprende como algo que afecta a todos los estratos de la sociedad humana. Es una cuestión de formación. Más de nueve décimos de la así llamada gente instruida ha recibido una formación a medias, es decir, puede ser confundida con la gente totalmente ignorante. El grito que resuena en todas partes es un clamor por la educación, por la educación verdaderamente científica, ya que solamente ella puede depurar, ser internalizada, saciarnos y redimirnos.

Además, este grito es un clamor de toda la humanidad.

2) Por eso la orden no ha de excluir a nadie.

3) No puede excluir a los extranjeros: el movimiento de la humanidad resulta de los movimientos de los pueblos individuales, hasta que la humanidad pueda constituir un solo pueblo gracias a determinadas instituciones. Los principios de la orden son aquellos que no separan a los pueblos que se encuentran en paz, pero igualmente las divisiones que afloran en la guerra no atentan contra los principios de la orden, ya que sus miembros saben que tanto más rápido la humanidad ha de alcanzar el reposo en la medida en que sus crisis sean más violentas. En la paz los guerreros del Grial de todas las naciones van de la mano y en la guerra luchan entre sí, y en ambos casos son contenidos por la paloma, el símbolo de los pensamientos de redención; además, no lesionan en modo alguno los principios de la orden.

4) La orden no debe excluir a los malos y a los criminales: sólo la ciencia ejecuta el peor crimen sobre una cantidad desmedida de fuerzas naturales en crudo que habitan en todos los hombres. La sociedad actual hace que el criminal sea aún peor de lo que era cuando abandona la penitenciaría. Por el contrario, la orden pretende mansamente convertir el fuego de una sangre salvaje en un poder benigno.

5) La orden no debe exigir una obediencia esclavizante hacia una persona. Determinada en líneas generales por el espíritu de la época, pero muy especialmente por el espíritu del pueblo alemán, que atañe a la libertad personal, ella solamente puede exigir una obediencia a la ley divina, a la voluntad divina, que resulta muy fácil de reconocer. Por medio de la promesa a la orden nadie se encadena a una persona, sino a un claro principio ya conocido, cuya expresión concreta es la figura de la paloma. Ya que esta obediencia no atañe a una creencia, sino a un saber, no puede ser tributada a una persona, sino solamente a la verdad.

6) Por eso la orden tampoco puede determinar la ocupación civil de sus miembros, ya que ella atañe a la libertad personal.

Pero la remuneración por el trabajo debe ingresar a la orden, puesto que todos los templeisen y todos los sabios se encuentran distanciados del mundo, por lo cual no pueden poseer una propiedad individual.

El trabajo no se encuentra regulado por ninguna ley, ya que en la ley divina todos encuentran un estímulo suficiente para realizar actividades. Al holgazán le falta paz interior, el bien máximo.

Cuando un miembro se aparta de la orden, no le debe nada al Grial, y tampoco es necesario que aporte al mismo, ya que éste posee su propia fuerza laboral.

Por otra parte, sería injusto retener los bienes patrimoniales que en un brote de entusiasmo moral se han ofrendado a la paloma. Por eso tuvo que ser establecida la norma que fija que una donación resulta efectiva solamente con la muerte y que en vida una ofrenda siempre puede ser retirada.

La orden no reconoce aquel poder que otorga la posesión de un gran patrimonio, pero tanto más estima, tantísimo más, el poder del puro anhelo de sus miembros y el poder del aliento divino que los vivifica.

7) La orden tampoco debe contener los otros movimientos de los individuos. Los servidores de la ley divina se dividen en dos clases: en aquellos que preferentemente procuran hallar la paz en una serena contemplación y en una serena expresión de sus convicciones por escrito, y raramente intentan una serena admonición oral, y en aquellos que son demasiado enérgicos para esa clase de actividad. Esa energía exige una carga de actividad adecuada y solamente alcanza la paz interior cuando se le permite intentar con todas sus fuerzas la realización de la ley divina en la humanidad.

Por eso la posibilidad de contacto con el mundo debe permanecer abierta para todos los miembros, y muy especialmente para los templeisen, aún cuando ya no pertenezcan a la humanidad.

 

Si entonces quedaba sin señor una región

que codiciaba algún rey,

sería protegida por el grupo del Grial.

Bien habrá de cuidar del pueblo cualquiera de ellos,

pues a cada uno lo acompaña la bendición de Dios.

 

Los templeisen no se espantan frente a la sangre, ya que saben que la humanidad actual en algún momento precisará un bautismo de sangre. Por el contrario los sabios no desean derramar sangre: aquí se separan las dos ramas principales de la orden. Pero ambas consagran su vida a la humanidad: eso une nuevamente en lo más íntimo a las dos ramas principales de la orden.

Además, la posibilidad de contacto con el mundo tendría que haber permanecido abierta, ya que por un lado la orden por principio no reconoce ninguna forma externa de culto religioso, y por otro, muchos sabios, debido a la excitación, no pueden desentenderse de una forma externa de culto religioso; además, porque de este modo muchos miembros sólo en forma habitual pueden seguir en sus ocupaciones.

8) La orden no debe restringir su abandono, ya que pretende promover en sus miembros la dicha, la paz en el corazón, la completa inmovilidad, el profundo silencio del fondo más íntimo del alma, pero sin forzar a nadie. Su iniciador sabía muy bien que solamente los hombres que poseen una determinada fuerza pueden unirse consigo mismo de forma exitosa tal como lo exige la orden, y que además muchas formas de autoengaño han de aparecer en el ardor del primer entusiasmo. Ya que no siempre un exceso de fuerza natural en crudo puede verse atenuada por un noble motivo, sino que a menudo puede extinguirse simplemente en el tumulto del disfrute mundano, entonces debe permanecer absolutamente libre la posibilidad de que un miembro retorne al mundo.

9) Estaría en contradicción con la filosofía política pretender sostener la orden sobre pilares distintos de los que constituyen la completa igualación de todos los miembros, el limitado ejercicio de poder del Perceval, y el consenso mayoritario de todos los miembros de la orden. Nuestra ley es la ley divina, y ella excluye la posibilidad de señorío de un hombre, aún cuando sea muy genial, noble y bueno.

Las pocas prerrogativas del Perceval se corresponden con sus más elevadas obligaciones y sus mayores responsabilidades. Ellas simplemente constituyen una institución de protección de la pureza y prosperidad de la orden. Su primera posición entre los iguales se ve equiparada por las atribuciones del capítulo de los Lohengrins.

10) Habría sido además un signo no solamente de una deficiente capacidad de juicio y de un deficiente sentido práctico, sino también de una falsa cosmovisión, si el iniciador hubiese excluido a las mujeres de los propósitos ideales de la orden. La mujer quiere y debe ser redimida al igual que el hombre. La mujer es además un poder y una conjunción de fuerzas en el mundo femenino de nuestros tiempos que no logran ser correctamente estimados. El iniciador de la orden consideró como una misión en su vida el despertar a esa eminente conjunción de fuerzas como si se tratase de la bella durmiente, y el asignarle un noble y elevado propósito.

Pero a la calumnia que por largos siglos viene contaminando a todo lo que es noble con su lengua llena de mucosidades se la debe confrontar por medio del sostenimiento de ambas órdenes como entidades en sí separadas absolutamente una de la otra, y pudiendo afrontar únicamente las cuestiones que hacen al interés común la directiva de ambas órdenes en conjunto.

11) El iniciador de la orden no otorgó en su corazón valor alguno a un ceremonial. Pero tuvo que reconocer que nada impresiona más profundamente en el corazón del hombre que las acciones bellas y libres, realizadas por medio de la fantasía. Por eso, basándose en consideraciones prácticas, se reservó uno propio, pero limitó ese ceremonial a este tipo de acciones. En nadie puede ser borrado el recuerdo de la amorosa aceptación, de la imagen de la paloma, tampoco en aquél que abandona la orden. La paloma habrá de brillar luminosamente en su vida, incluso cuando en ese momento conmovedor ya no pueda tomar con sus manos su dulce cuerpo.

12) En nuestros tiempos un uniforme de la orden sería algo ridículo.

13) Las cadenas, las cintas y la sencilla imagen de la paloma no deben ser entendidas como una simple decoración que los miembros de la orden deban despreciar desde la perspectiva de su renuncia absoluta a toda cosa terrena, de su total separación de las personas y de sus asuntos, sino simplemente como un símbolo del sacrificio ofrecido. Así, en la vida cotidiana, los miembros han de llevar siempre ocultos estos mismos símbolos, si es que acaso los llevan. El metal muerto puede adquirir una gran fuerza y ese posible efecto debe ser ofrecido en mano por medio de un signo visible.

14) La ordenanza del establecimiento tiene que prestar más atención a las formas de alimentación razonable que cada vez ganan más adeptos (alimentos vegetarianos), a fin de que ningún miembro se sienta incómodo.

Obviamente no existe en la orden una determinada ración de alimentos. Entonces cada uno puede consumir estos simples pero sabrosos platillos hasta saciarse.

 

Palabras de cierre

 

La orden pretende regular el espíritu del pueblo, no dominarlo.

Además quiere regenerar la sociedad y su trabajo, de modo que se produzcan en todos los ámbitos muestras de la acción humana.

Ya ella es una imagen a escala de la sociedad, debido a la diversidad de ocupaciones de sus miembros.

De este modo ha de convertirse poco a poco en una norma para las ciencias, el arte, la agricultura y la industria.

Sus metas son: una universidad libre, una escuela de artes libre, una forma de enseñanza libre, en pocas palabras: una completa institución de la enseñanza y la conformación de todas las ramas laborales según los ideales que las ciencias disponen.

La orden es la realización del sueño del más destacado poeta medieval de Alemania, Wolfram von Eschenbach.

La orden es “un estandarte desplegado del derecho y de la virtud”. (Kant).

Es el “refugio de la justicia” del siglo diecinueve.

Es el lucero del alba del estado ideal.

La paloma extiende sus alas, agitándolas sobre ella, y la hace prosperar para el bien de la humanidad.

13 de marzo de 1876.

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