Dilema: el paisaje como indagación
Por Verónica Parselis
Al recorrer las obras reunidas en la exposición resulta evidente que el paisaje no aparece como una representación de la naturaleza ni como un registro de lugares. Más bien se presenta como una herramienta de indagación, como un método para comprender aquello que se escapa: el tiempo, la memoria, la duración, la experiencia sensible. En este sentido, la lectura que propone Carolina Cuervo resulta reveladora cuando señala que los trabajos de Viñas pueden entenderse como “pasos de una investigación heurística”, parte de una metodología que concibe al arte como “una ciencia del entendimiento y de la invención”.
El punto de partida de esa investigación es una figura aparentemente simple, el horizonte. Cuervo recuerda que tanto la biografía como el horizonte se representan como una línea. La primera dibuja la trayectoria de una vida; la segunda organiza nuestra percepción del mundo. Pero en la obra de Viñas el horizonte deja de ser una referencia estable para transformarse en una pregunta. Es una presencia persistente que acompaña a la artista a lo largo de más de dos décadas de trabajo y que, lejos de ofrecer respuestas, vuelve visible un dilema fundamental: el del tiempo.

Las acuarelas, los videos, las fotografías y el sonido participan de esa experiencia. Cada medio introduce una temporalidad diferente. La inmediatez de la imagen fotográfica convive con la lentitud paciente de las capas de acuarela. El movimiento continuo del video se enfrenta al tiempo detenido de la observación. En todos los casos, los procedimientos parecen orientados a la misma pregunta: ¿Cómo representar aquello que está siempre más allá de nosotros?
La respuesta nunca es literal. El horizonte se vuelve sombra, vibración, atmósfera. Como señala Cuervo, “la línea de horizonte se ablanda, se funde, se abstrae; se convierte en sombra y en presencia. Una presencia hecha de ausencias”. La frase resulta especialmente significativa porque permite comprender que estas obras no buscan capturar un paisaje sino construir las condiciones para percibirlo de otra manera.
En este punto aparece otro aspecto central del trabajo de Viñas, esto es, la constante dialéctica entre adentro y afuera. El paisaje suele entenderse como aquello que está fuera de nosotros, como una realidad exterior que observamos a distancia. Sin embargo, en Dilema esa separación se vuelve inestable. El horizonte pertenece al mundo, pero también a la experiencia subjetiva. Está afuera y adentro al mismo tiempo. Es un fenómeno físico y una construcción mental.
La propia artista parece sugerirlo cuando incorpora diarios de viaje como origen de muchos de sus proyectos. El paisaje exterior se transforma en registro interior; la observación del entorno se convierte en escritura biográfica. Por eso resulta tan potente la cita que cierra el texto de sala: “El paisaje como espejo. En todo lo malo y todo lo bueno.”
Lejos de ser un escenario neutral, el paisaje aparece aquí como una superficie de proyección. Lo que vemos en él habla también de nosotros. Cada horizonte observado es, de alguna forma, un autorretrato.
Esta tensión entre exterioridad e interioridad se intensifica con la presencia del sonido. Cuervo describe al cuerpo como una “caja de resonancia” que recibe y amplifica la experiencia. El paisaje ya no es únicamente algo que se contempla; es algo que se escucha, se atraviesa y se encarna. La percepción deja de ser exclusivamente visual para convertirse en una experiencia integral.

DILEMA. Laura Viñas.
Curaduría de Carolina Cuervo
PABELLÓN DE LAS BELLAS ARTES
Universidad Católica Argentina
Directora: Verónica Parselis

Hasta el 20 de agosto
Av. Alicia Moreau de Justo 1300.
Lunes a Viernes de 11 a 19 hs.
