“Somos señores de todos los alimentos”

Los bárbaros de Porfirio (De abstinentia I 42) y la interpretación gnóstica del mundo

Por Doctorando Juan Bautista García Bazán (USAL-UNCuyo)

 

La obra del filósofo neoplatónico Porfirio, “Sobre la abstinencia de la carne animal” (perì apochês empsýchon), estaba dedicada a un amigo y condiscípulo de escuela, Castricio Firmo, que había abandonado la práctica del vegetarianismo. Últimamente algunos autores explicaron que el rechazo de Castricio podía deberse a una influencia de ciertos gnósticos del capítulo 42.[1] Precisamente, en ese caso se aludía a unos “bárbaros” que sostenían que ellos eran los “señores de todos los alimentos”.  Más allá de que en este contexto puede apreciarse un eco concreto de la polémica que sostuviera su maestro Plotino con gnósticos valentinianos, -a partir de los capítulos 7 y 9 de la Enéada II 9 [33]-, nos interesa detenernos en el uso de un vocabulario que habla de un “señorío” (kyrieúmen). Este trabajo analizará el contenido del capítulo 42 y la concepción gnóstica de mundo que estaría subyaciendo.

Este trabajo es un extracto de una ponencia realizada en la Universidad Nacional de Avellaneda, el 6 de septiembre, en el marco de las VIII Jornadas de Antropología Filosófica”.

 

  1. De abstinentia I 42

A propósito de la terminología sobre un señorío, que aparece en el De abstientia, y que queremos indagar, ya que nos reenviaría a cierta visión gnóstica del mundo, veamos lo que decía el filósofo neoplatónico del siglo III, Porfirio, en esta referencia:

Pero la opinión de que el apasionado por la sensación puede actuar llevado hacia los inteligibles ha sumido en la desgracia a muchos también entre los bárbaros, los que por su desprecio, han sido conducidos a todo tipo de placer […] Porque he oído a algunos de ellos defender la causa de su desgracia: los alimentos no nos manchan –dicen-, igual que las impurezas de los ríos tampoco quitan la pureza del mar. Pues somos señores de todos los alimentos (kyrie úo men brotôn hapánton), igual que el mar lo es de todas las corrientes. Si el mar cerrara su boca para no recibir los cursos de agua, sería grande en sí mismo, pero pequeño en relación con el  mundo, como si careciera de capacidad para recibir las impurezas. Para precaverse de mancharse no aceptaría recibirlas. Sin embargo, lo recibe todo, porque conoce (gignoskousa) su grandeza (mégethos), y no se aleja ante lo que le llega. Por lo tanto, dicen igualmente nos sucede a nosotros. Si nos guardamos de los alimentos nos hacemos esclavos del pensamiento del temor (edouló themen tô toû phópou pathémati).  Es necesario, sin embargo, que todo se nos someta (pánth’ hemîn hypotetáchthai) […] Pero el Abismo no se contamina  (bythós dè ou miaínetai) […] De esta manera también los alimentos vencen a los pequeños, pero en donde se da un Abismo de Poder, todo se recibe y nada impurifica […] en lugar de un Abismo de libertad [conduciéndose así desembocaban] en un abismo de infortunio se han ahogado en él. Esto hizo también a algunos de los cínicos que lo ambicionaban todo que se ataran estrechamente al responsable de sus errores, al que suelen llamar lo indiferente[2].

Nos vamos a detener en el análisis de esta sección amplia ya que creemos que es fundamental para poder entender el sentido y las motivaciones que llevaron a Porfirio a escribir una obra “sobre la abstinencia de la carne animal”.

Por empezar es llamativo que en la primera parte de este capítulo se hable de “bárbaros”, de cierto “desprecio”, y que se diga que la creencia que tenían estos individuos, en definitiva, los llevaba a una conducta reprobable: alcanzar “todo tipo de placer”.

Lo primero. Bárbaros. Esta es una alusión a cristianos y gnósticos, como vamos a ver.

En este caso Porfirio sostenía “muchos entre los barbaroi” (lo que puede leerse como, muchos, pero no todos los cristianos-gnósticos). Lo segundo. Se habla de un “desprecio” (ek kata phronéseos). Este término reaparece en la obra porfiriana para referirse a la actitud desdeñosa de Castricio Firmo (I 2, 3); también en Plotino, en Enéada II 9 [33]15, 4, al hablarse del “rechazo del cosmos” por parte de estos gnósticos (… toû kósmou kaì tôn en auto kataphroneîn…).Este rechazo (de los dioses y de las demás cosas bellas, dirá Plotino más adelante en su Enéada antignóstica), no le impedía a esos personajes hacer un uso de las cosas, cuestión que se vincularía a lo sostenido por Porfirio a propósito de la conducta que mostraban al comprometerse en “todo tipo de placer”.

Pero lo interesante sobre ese “rechazo” (kataphroneîn) del que se habla, como la actitud vital que tenían estos pensadores judeocristianos, los gnósticos, se explicaba más directamente en relación con la frase sobre los alimentos. Cito: “no nos manchan, porque somos señores de todos los alimentos” (ou…hemâs molúneità brómata… kurieúnomen brotôn hapánton). Si la mención de los alimentos evidencia porqué Porfirio retomaba esta noticia, -en tanto se buscaba con este libro volver a atraer a Castricio al vegetarianismo-, también se nos indicaría con esto que esa lectura gnóstica aludida era inseparable de un trasfondo bíblico. Y esto, ya que, como vamos a ver, la idea del mancharse (molúnei) y de los alimentos (tà brómata), y la expresión justamente que nos ocupa, la de “ser señores” (kurieúnomen) pueden ser remisiones a una exégesis gnóstico-paulina (algo que vio Ch. –H. Puech y que sin embargo hoy, pasa desapercibido por los especialistas).[3] Hay que decir, brevemente, que el término griego kýrios, “Señor”, de kûros, “dominio”, era una palabra que tenía una doble valencia semántica, ya sea a nivel profano en el mundo helenístico, o bien, a nivel religioso[4].

Tenemos en griego el término despotés, que en general ofrece la idea de un poder arbitrario, mientras que Kyrios apuntaría a uno de orden legítimo[5].

¿Cuál era el sentido que tenía en estos gnósticos?

El texto porfiriano establecía una comparación entre el mar y sus corrientes; después, entre los alimentos y el hecho de ser señores. También se hablará de una contraposición: lo grande y lo pequeño. Todo esto explicado de esta manera:

«Si el mar cerrara su boca para no recibir los cursos de agua, sería grande en sí mismo, pero pequeño en relación con el mundo, como si careciera de capacidad para recibir las impurezas. Para precaverse de mancharse no aceptaría recibirlas».

En esta línea, la mención de “mundo” no es aleatoria. Sintéticamente los gnósticos sostenían que ellos gozaban de una autoridad sobre el mundo -en tanto- poseedores de una gnosis o conocimiento. Esto que estamos afirmando, el propio Porfirio lo dejaba entrever. Decía: el mar lo recibe todo, porque “conoce su grandeza”. La lectura gnóstica que estamos siguiendo contraponía a un “abismo”, como mención de su Dios superior, a  lo pequeño, las corrientes de los ríos. Claro que el término “Abismo”-Bythós, era una terminología estrictamente gnóstica (es decir, de la corriente llamada valentiniana). Siguiendo con el texto:

“si nos guardamos de los alimentos nos hacemos esclavos del pensamiento del temor”.

Ahora, si se suman dos expresiones del fundador de la corriente gnóstica señalada, Valentín, nos encontramos con: “Desde el Principio sois inmortales e hijos de la vida eterna, sois señores de la creación y de toda corrupción (fr. 4). Ese en arché, era una alusión al Prólogo juanino; se marcaba la diferencia entre el estatus de esos gnósticos y el de los simples griegos y/o cristianos. Ese estatus les permitía ser “señores de todas las cosas”, en palabras de Porfirio; o en las de Valentín, de la creación-corrupción en alusión al mundo, como decía este heresiarca. Y después tenemos otro fragmento de este sectario: “el temor por aquella obra sobrecogió a los ángeles. Las obras humanas se tornan para sus autores, en objetos de temor”. En este caso Valentín aludía a Adán y al momento de la creación. La lectura gnóstica interpretaba todo, como estamos viendo, desde una teología de la historia, podríamos decir, judeocristiana. Los ángeles del Génesis que experimentaban temor frente a la obra de un Dios superior. Eso chocaba con la visión griega de un cosmos ordenado y bello. Podríamos decir: afirmar la pervivencia de este cosmos, para un gnóstico, era seguir los mandatos o las normas éticas de una providencia inferior. Cumplir con prácticas -en este caso vegetarianas-, no podía llegar a ser, en esta línea, más que una tarea superflua, e inclusive rechazable, ya que con ella se incurría en la condición de dioses y legalidades inferiores, y en una pasión –en este contexto podríamos agregar mundanal-, como la del temor, que era el que vehiculizaba finalmente ese tipo de prácticas.

 

[1]A propósito de la defección de Castricio Firmo, decían Bouffartigue-Patillon (pp. xxiii-xxiv): “Onpeutretenirégalement la formule par laquellePorphyre exprime sacrainte que Firmusnesoittombédans ce qu’ilappellel’impiété et qu’il se refuse à definir plus clairement: aitían… phóbontês en tôparabaíneinasebeásepartôsanmeízona (I, 2, 2). Certesl’expression es vague, maisonpourraitimaginer, commehypothèse-limite, que les doctrines gnostiquesontétépourquelquechosedans l’ «apostasie» du condisciple de Porphyre” (el subrayado en negrita es nuestro). Ver entonces, A. Smith “PorphyrianStudiesSince 1913”, 49 ANRW II36.2, Walter de Gruyter,Berlin, 1987, p 762, y M. Zambon, Porphyre et le moyen-platonisme, Vrin, Paris, 2002, p. 84, n. 3.

[2] En este caso, citamos la traducción de F. García Bazán que se encuentra en La gnosis eterna. Antología de textos gnósticos, griegos, latinos y coptos III. Gnósticos libertinos y testimonios hermético-gnósticos, alquímicos y neoplatónicos, Trotta, Madrid, 2017, pp. 172, 173. Asimismo, las referencias a la Enéada anti-gnóstica (II 9[33]), pertenecen a este volumen. Las referencias de la heresiología, son del primer tomo de esta obra. Para el texto griego del De Abstinencia manejamos la edición francesa de J. Bouffartigue y M. Patillon, PORPHYRE, De l’abstinence, BellesLettres, Paris, 1977.

[3] Cf. H.-Ch. Puech (que según tenemos entendido, todavía no fue puesto debidamente de relieve por los investigadores). Nos referimos a los sostenido en un paréntesis por este autor en 1931 (Annuaire 1932-1933), en la École pratique des hautes études. Efectivamente, citamos:”Porphyre, De Abstinentia I. 42 (interprétation gnostique de I Cor. , VIII. 7)” [http://www.persee.fr/doc/ephe_0000-0002_1931_num_45_41_17301].

[4]Además de la entrada al término kúrios, del ThWbNT, III, p. 1038 (Stuttgart, 1933), usamos las reflexiones de O. Cullmann “Jesús el Señor (KYRIOS)”, de Cristología del Nuevo Testamento, METHOPRESS, Buenos Aires, 1965.

[5]Idem.

Blog de la Escuela de Filosofía de la USAL

Este espacio es una extensión de la Escuela de Filosofía de la Universidad del Salvador, destinado a docentes, estudiantes y a todo el público en general, interesado en la lectura de contenidos filosóficos.

 

Mujeres en la historia del pensamiento

Durante el mes de marzo, la Escuela rendirá homenaje a las mujeres de la Filosofía, retratando nombres que muchas veces han sido olvidados o silenciados en la historia del pensamiento.