Bajo los tilos

Por Ezequiel Pedro Jorge Carranza

 

El caballero combate con ferocidad. Los viajes son largos y la cruz le pesa mucho. Pesa la distancia a recorrer y el miedo a la crudeza de la lucha. Dios lo acompaña y la música lo alivia de tanto pesar. Y es el canto del ruiseñor un remanso para su corazón. Eso lo hace sonreír y lo prepara para perderse: el canto de la doncella propicia la total fuga. Se pierde el dolor, desaparece el ánimo combativo. La doncella y el caballero solamente piensan en reposar en un lecho de flores… ¡Y el tiempo se congela! Todavía hoy permanece detenido el tiempo en ese espacio. Es la magia del canto la que capta esto, under der linden