Arte, Naturaleza y Antropoceno

Por Verónica Parselis*

 

En el arte actual encontraremos búsquedas estéticas con postulados críticos que podemos enlazar con la idea de “La Gran Aceleración” [i]. Esta teoría asume que los humanos nos hemos convertido en una fuerza geológica y nuestra huella sobre la Tierra está ya incorporada al registro geológico reciente. Sin lugar a dudas, la aparición del hombre ha cambiado la superficie terrestre. El proceso de transformación planetaria ha tenido episodios de rápido incremento en la revolución neolítica y, siglos más tarde, en las revoluciones industriales. En las últimas décadas la población humana y el consumo de recursos se han disparado de tal modo que el Homo Sapiens se ha convertido en una plaga biosférica[ii]. Esta nueva era geológica fue denominada Antropoceno instalando la discusión sobre un rico y complejo modo de comprender nuestra era[iii].

 

Zireja, Coreografías con la basura

 

Desde la interpretación ligada al Antropoceno los biomas (hábitats naturales) se han transformado en antromas (bosques planificados, tierras cultivadas, zonas urbanas e industriales). La aparición de este concepto es relativamente reciente. Sin embargo, se ha extendido ampliamente en los ámbitos académicos y ha ganado un espacio en la cultura crítica contemporánea. Su estímulo reflexivo es imbatible, y nos motiva pensar el Antropoceno en sus cruces con el arte actual. Se trata de un concepto que ha estimulado una variedad de narrativas y visiones del mundo superpuestas y conflictivas. Su complejidad radica en que se trata de un concepto filosófico, antropológico, científico, político y – por qué no- artístico. Podemos pensar el Antropoceno como una alternativa a las nociones de “modernidad” y “posmodernidad”, una nueva categoría que nos abre a la posibilidad de pensar un “reencuentro del tiempo humano (histórico) y del tiempo de la Tierra (geológico)” para superar de este modo, la división temporal, ontológica, epistemológica e institucional entre la naturaleza y la cultura. Una división que ha dado forma a la visión del mundo en Occidente.

Las condiciones impuestas por la globalización alteraron el modo en el que entendemos el espacio y el tiempo. La tecnología y el contexto global son percibidos como vastos sistemas interrelacionados que definen nuestra capacidad para asumir una estable y satisfactoria comprensión de ellos mismos. La posibilidad de pensar lo no humano en narrativas históricas y ontologías antropológicas es un común denominador en todos los pensadores que sostienen el Antropoceno. El debate cultural es inmenso, y entendemos que el arte cobra un rol protagónico en torno a la pregunta fundamental que se plantea: ¿qué narrativas son necesarias para comprender el papel planetario del hombre en tanto que sus acciones afectan el sistema de la Tierra y su equilibrio?

 

Mario Merz, Lingotto (1968)

 

Podemos sintetizar tres posibles actitudes del artista en relación al entorno o el ambiente que lo rodea: 1) la relación mimética, ligada a la tradición del paisaje focalizado en su representación; 2) el trabajo del artista con materiales tomados del entorno y de la naturaleza (como en el caso de Arte Povera), como una suerte de apropiación y asimilación de la materia natural; y 3) el artista interviene el mundo natural, el mundo dado, dejando de lado los soportes tradicionales (Land Art, Earthworks, arte ambiental o ecológico).

 

James Brunt, Land art

 

Recientemente, algunos teóricos y artistas, se refieren al “arte medioambiental encontrado” o “involuntario” en relación al territorio y la mirada detenida sobre lo que ofrece: Pour qui veut bien regarder tout fait art (para quien quiere ver todo se convierte en arte)[iv] .

 

Irene Sanfiel, Waste Coast

 

Diversos artistas proponen contrarrestar la lógica racionalista que durante mucho tiempo ha conducido hacia los dualismos ser humano-naturaleza[v]. De este modo, la estética ambiental, entendida como un modo estético del ser-con, implica sondear las formaciones del paisaje y el espacio natural en sus límites. La estética ambiental genera así, una nueva pregunta : ¿cómo se siente el mundo cuando se percibe más allá de sus codificaciones estéticas tradicionales?

 

[i] Esta noción fue elaborada primeramente por Will Steffen y colaboradores.

[ii] Astibia, Humberto “Sobre el paisaje y su relación con el arte y la naturaleza” En: www.Euskonews.com/0708zbk/gaia70801es.html

[iii] Crutzen, Paul J. y Stoerner, Eugene, F. “The Anthropocene” En: Global Change Newsletter, num.41, 2000

[iv] Clement, Gilles. Traité succint de l’art involuntaire, Paris: Sens et Tonka, 1997.

[v] De hecho, si reordenamos nuestro acercamiento al mundo desde la(s) perspectiva(s) de la vida vegetal, el paisaje mismo se vuelve insostenible dado que para el “cuerpo ante o más allá del espacio… todo es una excitación silenciosa de la materia”, como escribe Emanuele Coccia en su libro clave: La vida de las plantas: una metafísica de la mixtura, Madrid: Miño y Dávila, 2017.

Un texto interesante para adentrarse en esta problemática de la estética ambiental es “Natura” y puede leerse en: https://www.coleccioncisneros.org/es/editorial/statements/natura-est%C3%A9tica-ambientaldespu%C3%A9s-del-paisaje

 

 

*Este trabajo se enmarca dentro del proyecto de investigación realizado en la Universidad del Salvador (FLEO), “Entre la figuración y la abstracción: contactos, diálogos y divergencias en torno a la concepción de espacio en el arte de Oriente y de Occidente en el siglo XX” (Cod. VRID 1836)

Blog de la Escuela de Filosofía de la USAL

Este espacio es una extensión de la Escuela de Filosofía de la Universidad del Salvador, destinado a docentes, estudiantes y a todo el público en general, interesado en la lectura de contenidos filosóficos.

 

Mujeres en la historia del pensamiento

La Escuela rinde homenaje a las mujeres de la Filosofía, retratando nombres que muchas veces han sido olvidados o silenciados en la historia del pensamiento.